En sus Perspectivas interinas publicadas este jueves, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) mantiene sin cambios sus estimaciones de que la economía global subirá un 2,9 % este año, y apenas modifica las de 2027, con un 3 % (una décima menos), pese al conflicto en Oriente Medio.
Lo que podría parecer más sorprendente es que cree que el producto interior bruto (PIB) de Estados Unidos progresará este año un 2 %, lo que significa tres décimas más de lo que había anticipado en diciembre, la mayor revisión al alza de todos los países del G20.
Es verdad que para 2027, espera un incremento del PIB estadounidense del 1,7 %, con dos décimas menos.
En cualquier caso, la situación contrasta con la de Europa, un continente importador de hidrocarburos, con una corrección a la baja del crecimiento de cuatro décimas en la eurozona para 2026, hasta un modesto 0,8 %, y de cinco décimas en el Reino Unido, hasta el 0,7 %.
España volverá a ser una gran excepción en el Viejo Continente, ya que aunque también ve ligeramente revisada su previsión, en una décima, su ritmo de incremento del PIB será del 2,1 %, el segundo más alto de los países desarrollados del G20 después de Australia (2,3 %).
En Asia, Corea del Sur será uno de los que más va a sufrir los efectos de la escalada del precio del gas y el petróleo, con un recorte de sus expectativas de cuatro décimas este año, al 1,7 %.
Las correcciones para 2026, sin ser mayúsculas, sí que son significativas para las dos grandes economías sudamericanas, Brasil (1,5 %, dos décimas menos) y para Argentina (2,8 %, también dos décimas menos).
La OCDE no ha alterado sus cifras de China ni para este ejercicio (4,4 %), ni para el próximo (4,3 %).
Los autores del informe señalan que si no se hubieran desencadenado los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán que han incendiado todo Oriente Medio estaban trabajando en unas previsiones que mejoraban globalmente las de diciembre en tres décimas para 2026.
Todo eso ha quedado borrado, pero uno de los principales elementos positivos que pueden seguir produciendo efectos es la evolución a la baja de los aranceles que Estados Unidos aplica a las importaciones del resto del mundo, que han pasado de una tasa efectiva del 14 % a mediados de noviembre al 9,9 % actualmente.
La OCDE ha hecho sus proyecciones con la "hipótesis técnica" de que esa situación se va a mantener en 2026 y 2027, aunque el pasado año se vivieron verdaderas montañas rusas desde que Donald Trump desató la guerra comercial poco después de desembarcar en la Casa Blanca.
Otro factor que atenúa el impacto de la guerra en Oriente Medio es que la producción industrial vinculada a las tecnologías ha continuado su impulso rápido en los primeros meses de 2026, sobre todo en Asia y en Estados Unidos, donde las grandes empresas han programado un aumento de sus inversiones este año.
En su escenario central, que incorpora el efecto de ese conflicto bélico, la OCDE ha utilizado como base la evaluación que se hacía en el mercado de futuros el pasado día 20, y que significaría un precio del barril de brent un 40 % superior en 2026 al que había utilizado en su informe de diciembre y un precio del gas en el mercado TTF que sirve de referencia en Europa un 60 % más alto.
Reconoce que la situación es muy incierta, que los efectos económicos de la guerra dependerán de su duración y de su desenlace, y por eso también contempla dos escenarios alternativos, uno favorable con un fin rápido del conflicto y una vuelta en pocos meses a los precios del petróleo y del gas que había antes, y otro desfavorable.
Este último se asienta, por el contrario, en un petróleo que sería un 26 % más caro que en la hipótesis de referencia durante el primer año, y el gas un 17 %.
En términos globales, la producción mundial se vería amputada de alrededor del 0,5 % en dos años, pero de nuevo el impacto sería desigual. Los que más perderían serían los países desarrollados de la región Asia-Pacífico (perderían casi un 1 %) y los europeos (cerca del 0,8 %).
Menos malparados saldrían Estados Unidos, Canadá o México (todos ellos productores de hidrocarburos), así como en conjunto los países en desarrollo.
