"Cristo sigue siendo crucificado en las familias divididas, en la violencia que golpea nuestros barrios, en los jóvenes que pierden el sentido de la vida, en los ancianos que se sienten solos y olvidados", prosiguió el prelado.
El hijo de Dios "sigue siendo crucificado en el enfermo que lucha en silencio, en el migrante que busca un futuro, en el pobre que no encuentra oportunidades".
"Cristo sigue en la cruz y muchas veces nosotros pasamos de largo", por lo que esta Semana Santa "es una invitación a detenernos" y pensar "en tantas personas que hoy cargan una cruz pesada: cruces de enfermedad, de soledad, de fracaso, de rechazo. Personas que quizás un día fueron aplaudidas, valoradas, queridas, y hoy se sienten abandonadas", dijo Ulloa.
El arzobispo invitó a los feligreses a preguntarse cómo llevan su cruz particular, si lo hacen "solos, con desesperación, con rebeldía" o si la llevan "con Cristo, aprendiendo de Él la humildad, la paciencia, la entrega".
"Porque la cruz, llevada con Jesús, no aplasta, sino que transforma. Con Él, el dolor no es el final, sino el camino hacia la vida", declaró Ulloa.
Por ello la Semana Santa no puede vivirse como "una costumbre más, como un recuerdo bonito o una tradición cultural", sino como un momento "para volver a Dios", señaló el arzobispo de Panamá.
