En declaraciones emitidas por el Parlamento, el Consejo de la Shura y el Ministerio de Asuntos Exteriores del movimiento alineado con Teherán, se presentó el alto el fuego como "una victoria" para Irán y sus aliados en el "eje de la resistencia", que incluye a grupos armados en el Yemen, el Líbano e Irak.
Los organismos afirmaron que el acuerdo reflejaba "una retirada" de Washington, que junto a Israel no habían logrado sus "objetivos", como el de "debilitar al liderazgo iraní".
Igualmente, el Ministerio de Exteriores instó a la cautela al advertir de que la tregua seguía siendo "frágil", y acusó a Estados Unidos e Israel de "continuar con sus acciones hostiles, incluidos los ataques contra objetivos vinculados a Irán y en el Líbano".
También exhortó a los países de la región a "reevaluar sus alianzas y a entablar un diálogo para garantizar la estabilidad a largo plazo".
Los hutíes, que controlan gran parte del noroeste de Yemen, incluida la capital, Saná, desde que tomaron el poder en 2014, están estrechamente alineados con Irán y se han visto cada vez más involucrados en las tensiones regionales.
Tras casi un mes de ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra Irán, el grupo lanzó misiles y drones hacia Israel en solidaridad con Teherán.
Sus acciones aún no han provocado ataques de represalia, lo que aumenta el temor a un conflicto tardío con Israel.
La última tregua entre Washington y Teherán se produce tras semanas de escalada de tensiones que amenazaban con desembocar en una guerra a gran escala.
Si bien los detalles del acuerdo aún son limitados, los mediadores han buscado lograr un cese temporal de las hostilidades y abrir la puerta a las negociaciones.
