La isla caribeña ha registrado en esta semana afectaciones entre un 30 y 40 % en el momento de mayor corte del suministro, frente a un promedio superior al 60 % de diciembre a marzo.
Esa disminución, según las autoridades cubanas, está relacionada con la llegada del petrolero ruso Anatoly Kolodkin a finales de marzo con 100.000 toneladas de crudo. El país cuenta con el combustible refinado de ese crudo “hasta finales del presente mes”, explicó el ministro cubano de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O Levy.
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La UNE, adscrita al Ministerio de Energía y Minas, prevé para el horario pico de la presente jornada una capacidad de generación de 1.925 megavatios (MW) y una demanda máxima de 3.100 MW.
Así, el déficit -la diferencia entre oferta y demanda- será de 1.175 MW y la afectación estimada -lo que se desconectará realmente para evitar apagones desordenados- alcanzará los 1.205 MW.
La crisis energética cubana se explica por la conjunción de un factor estructural, un sistema energético profundamente obsoleto, y un elemento coyuntural, el bloqueo petrolero iniciado en enero por Estados Unidos.
En esta jornada, ocho de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país no están operativas por averías o trabajos de mantenimiento (responsables del 40 % del mix energético).
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Otro 40 % del mix estaba a cargo de los motores de generación, pero esta fuente de energía, que precisa diésel y fueloil, está parada desde enero por el bloqueo de EE.UU., acción que el Gobierno cubano ha calificado reiteradamente como de “asfixia energética”.
El 20 % restante se obtiene de gas y fuentes renovables, especialmente con el reciente impulso a la solar con apoyo chino.
