En Cisjordania hubo elecciones municipales en 2017 y en 2021-2022, pero en Gaza son las primeras desde las legislativas de 2006, ganadas por el movimiento islamista.
La mayoría de las listas de hoy están alineadas con Fatah, el partido nacionalista y laico del presidente Mahmud Abás, en el poder desde 2005, o son independientes.
No hay agrupaciones afiliadas al movimiento islamista Hamás, el archirrival de Fatah, que controla casi la mitad de la Franja de Gaza.
Votaciones
Cerca de 1,5 millones de personas están inscritas en las listas electorales en Cisjordania, ocupada por Israel, y 70.000 en la zona gazatí de Deir al Balah, según la Comisión Electoral Central con sede en Ramala.
En la Franja de Gaza, devastada por más de dos años de una guerra que ha disparado la miseria y el número de desplazados, “estas elecciones son simbólicas, pero las veo como la expresión de nuestra voluntad de vivir”, declara a la AFP Mohamed al Hasayna, de 24 años.
“Nos merecemos tener nuestro propio Estado”, añade tras votar en Deir el Balah, una de las pocas localidades de Gaza donde una parte de los habitantes ha podido quedarse.
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“Queremos que el mundo nos ayude a superar la catástrofe de la guerra. ¡Basta ya de guerra! Es hora de trabajar en la reconstrucción”, clama.
El conflicto se desencadenó tras el ataque del grupo islamista Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023. Desde entonces ha causado más de 72.000 muertos, según un saldo del Ministerio de Salud del territorio, considerado fiable por la ONU.
Desde el 10 de octubre de 2025 está en vigor un precario alto el fuego, empañado por actos violentos casi diarios.
“Una oportunidad importante”
En Cisjordania, escenario a su vez de un aumento de la violencia de los colonos, un periodista de la AFP vio una escasa afluencia en varios colegios electorales, donde diplomáticos observan el desarrollo de los comicios.
Los ayuntamientos se encargan de servicios esenciales como el agua, el saneamiento y las infraestructuras locales, y carecen de poder legislativo.
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Como no se han celebrado elecciones presidenciales ni legislativas desde 2006, son una de las pocas instituciones democráticas que funcionan bajo la administración de la Autoridad Palestina.
En un contexto de estancamiento económico, el Gobierno se enfrenta a numerosas acusaciones de corrupción y los donantes condicionan cada vez más su apoyo a la implementación de reformas.
