Allen, un profesor de California de 31 años, compareció este jueves en una audiencia de unos 15 minutos en la que comunicó a la jueza del Distrito de Columbia Moxila Upadhyaya que renuncia a impugnar su permanencia en la cárcel, una medida cautelar solicitada por la fiscalía.
Esto supone un giro en la estrategia de la defensa, ya que en un escrito anterior sus abogados habían solicitado la libertad bajo fianza en espera de juicio.
El acusado compareció con un enterizo naranja de presidiario y escoltado por dos alguaciles, según pudo constatar EFE en la audiencia, a la que estaba prohibido ingresar con cámaras.
Con semblante serio pero tranquilo, respondió a la jueza: "Sí, señoría", cuando esta le preguntó si comprendía las consecuencias de aceptar continuar detenido.
El fiscal adjunto, Charles Jones, insistió varias veces con proseguir la audiencia para presentar las pruebas contra Allen para justificar su permanencia en prisión, pero la jueza consideró innecesario continuar, dado que el acusado ya había aceptado la medida.
La magistrada recordó que más adelante, en el proceso judicial, el acusado podría impugnar su encarcelamiento. La próxima audiencia de Allen se programó para el 11 de mayo.
Los abogados del acusado solicitaron a la jueza modificar las condiciones penitenciarias de Allen, quien permanece recluido 24 horas al día en una celda de aislamiento, una medida que consideran desproporcionada. La magistrada, sin embargo, respondió que carece de autoridad sobre este asunto.
"No hay razón alguna para que deba estar en régimen de aislamiento. No dijo ni hizo nada malo durante su ingreso. No representa ningún peligro para nadie en la cárcel", declaró la abogada defensora Texira Abe.
Por su parte, la fiscal del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, cercana a Trump, presentó el miércoles un memorando en el que sostuvo que "no existen condiciones que garanticen la seguridad de la comunidad" si Allen abandona la cárcel.
Pirro calificó el complot de Allen de "violencia política extrema" y advirtió de que las consecuencias de su intento de atentado podrían haber sido "de gran alcance", dado que sus objetivos eran Trump y miembros del Gobierno.
Allen enfrenta de momento un cargo por intentar matar al presidente, un delito que puede acarrear cadena perpetua, y otros dos relacionados con el transporte y el uso de armas, aunque la fiscalía anunció este jueves que planea presentar "muchos más" cargos en su contra.
El acusado intentó irrumpir armado en el salón del hotel Washington Hilton de la capital, donde se celebraba una gala con presencia de Trump, la primera dama, Melania; el vicepresidente, JD Vance; el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson; y varios miembros del Gobierno.
Había además en la sala unos 2.000 invitados entre periodistas, diplomáticos y empresarios.
Según el relato de la fiscalía, Allen corrió a gran velocidad, burló el arco de metales de un control de seguridad, se dirigió hacia las escaleras que conducen al salón de baile y disparó con una escopeta.
Agentes del Servicio Secreto respondieron con cinco disparos y Allen cayó al suelo y fue reducido, aunque no sufrió impactos de bala.
El incidente no dejó víctimas, aunque los disparos provocaron la evacuación de Trump y el resto de autoridades, además de desatar el pánico entre algunos de los asistentes.
El acusado dejó programados varios correos electrónicos antes del ataque en los que pedía disculpas a familiares y amigos y detallaba que su objetivo eran los miembros de la Administración de Trump y el propio presidente, a quien llamó "pedófilo, violador y traidor".
De acuerdo a documentos judiciales, Allen planificó el ataque durante semanas y cruzó el país en tren, desde California hasta Washington, para poder viajar armado -portaba una escopeta, una pistola, cuchillos y dagas- sin pasar por controles de seguridad de los aeropuertos.
Además, reservó dos noches en el hotel donde se celebraba la gala para poder entrar en las instalaciones como huésped, los únicos que podían acceder al hotel durante el día de la cena.
