Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se proyecta que para el 2036, por primera vez en la historia de la región, habrá más personas de 60 años o más, que niños menores de 15 años, dato que se considera un indicador crítico para la planificación de políticas públicas.
Asimismo, los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo o PNUD señalan que el promedio de la tasa global de fecundidad en América Latina y el Caribe ya se sitúa en 1,8 hijos por mujer, por debajo del nivel del reemplazo generacional (2,1).
Según el informe de la Cepal Observatorio Demográfico 2024: 'Proyecciones de población y cambios demográficos rápidos en el primer cuarto del siglo XXI', mientras que a los países desarrollados les tomó casi un siglo adaptarse al envejecimiento, la transición en América Latina es acelerada, y en países como Brasil, el porcentaje de población de 60 años o más se duplicará en apenas 25-30 años.
Está la situación de países como Chile, que ya está "por debajo del recambio generacional", o de Argentina, donde la natalidad ha caído un 40 %, como afirmó Beltrand esta semana en un evento con empresarios venezolanos radicados en Panamá.
"Y aquí la migración juega un papel fundamental", para suplir las necesidades de fuerza productiva y de generación de recursos fiscales para los sistemas de pensiones, por ejemplo.
Pero para ello, agregó el funcionario internacional, "se debe regular" la situación de los migrantes en los países de acogida.
"La migración es un factor de desarrollo. No existen pruebas de que sea una carga para los Estados de acogida", aseveró.
Precisamente, durante esta semana se celebra en Nueva York el Foro de Examen de la Migración Internacional (FEMI), en el que Estados miembros y representantes de la sociedad civil se dan cita en la ONU para revisar los progresos realizados sobre el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, adoptado en 2018.
