Madres en una Habana en crisis: historia de dos ciudades

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La Habana, 10 may (EFE).- Dos madres cubanas viven a solo cinco kilómetros de distancia en La Habana, pero sus realidades son diametralmente opuestas: de un hogar con ciertas condiciones pese a la crisis a otro donde conviven la crianza de cerdos y la vida doméstica en pocos metros cuadrados.

Dania Leiva, de 35 años, señala a EFE que en su casa del Vedado capitalino, uno de los barrios más acomodados de la ciudad, los servicios básicos -como el agua y el gas para cocinar- no están fallando con demasiada frecuencia.

Esta licenciada en Ciencias de la Información y empleada en una empresa privada explica que ella tiene la suerte de tener esas "facilidades” en casa y también la comodidad de una moto eléctrica, que puede recargar.

No se puede dar nada por supuesto. Actualmente en muchos hogares de La Habana hay frecuentes interrupciones en el suministro de agua corriente o sufren problemas para cocinar con los apagones (porque disponen sólo de hornillos eléctricos).

“Pero sí sufrimos los apagones. Hoy, por ejemplo, me levanté sin corriente tras cuatro horas seguidas sin energía durante la madrugada (...) Ahora al regresar del trabajo, de nuevo no hay luz”, recalca.

Como consecuencia, al llegar al edificio, Leiva tiene que subir por las escaleras hasta su domicilio, más de 10 pisos, y con su niño de cuatro años, después de recogerlo en una guardería infantil estatal.

Cuba padece una grave crisis energética desde mediados de 2024, agravada desde enero por el asedio petrolero de EE.UU., que ha extendido los cortes eléctricos y paralizado casi totalmente la economía.

Los expertos describen el panorama como “policrisis”, pues a los prolongados apagones y la escasez de combustible, se suman, entre otros factores, la carencia de alimentos, agua y medicinas.

De acuerdo a la empresa estatal de Acueducto de Aguas de La Habana, unos 200.000 habaneros (el 11 % de los pobladores de la capital) sufrían algún tipo de afectación en el suministro de agua este abril, por “desabastecimientos, fallas continuas o alargamiento de ciclos”.

Esta situación le es familiar a Olga Salas, una cubana de 55 años que vive a poco más de cinco kilómetros de Leiva, en un área popular de La Habana Vieja.

“Aquí no falta el gas ni la corriente, pero la entrada de agua no es estable y cuando llega, tratamos de almacenarla en la cisterna (depósito enterrado)”, señala Salas, mientras su esposo saca el agua usando cubetas.

La parcela donde reside perteneció a un comerciante español, cuenta a EFE, pero de la antigua casa colonial solo quedan ruinas, techadas y divididas, de manera rústica y muy humilde, en las que Salas, junto a su esposo, vive y cría cerdos.

Madre de dos hijos y abuela de cuatro pequeños, señala que, además de los animales de corral, busca sustento monetario “lavando ropa para la calle”.

Salas, graduada de Geología y natural de Santiago de Cuba (oriente del país), decidió establecerse en La Habana cuidando al dueño del solar donde vive, quien a cambio dejó a su nombre la propiedad.

“Pero esto es muy grande y yo no tengo dinero para hacer nada aquí. Ojalá pueda vender el terreno y tener entonces una casita digna”, desea en voz alta Salas.

Además de los generalizados cortes eléctricos y la escasez de productos básicos, la isla de poco más de 9,7 millones de habitantes, muestra también una carencia habitacional que supera las 800.000 viviendas y un fuerte deterioro de muchas construcciones.

En municipios como Centro Habana o Habana Vieja, se observan innumerables edificaciones como la de Salas, con décadas y hasta un siglo de uso, y en malas condiciones por la falta de mantenimiento y la combinación de elevadas temperaturas, intensas lluvias y el salitre del mar.

El Gobierno cubano ha reconocido sus dificultades materiales y financieras para construir nueva vivienda. Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el Estado terminó en 2025 apenas 1.791 viviendas, un tercio de las que se levantaron en ese año.

En este escenario, el Gobierno baraja opciones de emergencia y ha puesto en marcha un programa piloto que reutiliza contenedores de mercancías como alternativa temporal.

La iniciativa ha sido polémica incluso desde la isla, especialmente por las condiciones climáticas propias del país que podrían elevar las temperaturas dentro de esos cubículos metálicos.

El propio presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, entregó la pasada semana las dos primeras viviendas de ese tipo concluidas en La Habana. Las beneficiadas fueron dos jóvenes madres solteras.