Ante la imposibilidad de costear los 30 millones de rupias (225.000 dólares) del sistema tradicional, el país apuesta ahora por el rastro genético para no interrumpir el monitoreo de esta especie icónica.
El método de "observación directa", que dividía la selva en bloques para ser rastreados por cientos de técnicos a lomos de elefantes, ha demostrado ser insostenible.
En el último censo de 2021, un técnico resultó gravemente herido tras caer de uno de los animales durante las tres semanas de despliegue masivo de vehículos y personal.
El nuevo protocolo sustituirá a los observadores por la recolección de muestras de estiércol que, analizadas en laboratorio, permiten identificar el sexo y la estructura genética única de cada ejemplar, eliminando el riesgo de duplicidad o ataques de animales salvajes.
La transición tecnológica se centrará especialmente en el Parque Nacional de Chitwan, bastión de la especie, donde las autoridades utilizarán cámaras de vigilancia para monitorizar los puntos de defecación de los rinocerontes, y así recolectar muestras sin necesidad de invadir masivamente el hábitat.
El rinoceronte nepalí pasó de apenas 100 ejemplares en los años 60 a un récord de 752 en 2021. Hasta ahora, el uso del ADN es un sistema que Nepal solo había probado con leopardos de las nieves.
