“Nací en Cuba, pero ese no es mi único origen, soy fundamentalmente diaspórica”, declaró Odette Casamayor, quien nació en la Habana pero ha pasado la mayor parte de su vida entre Europa y Estados Unidos.
La autora de ‘Con tinta negra’ confiesa que la experiencia afrodiaspórica le ha regalado la tranquilidad de encontrarse y amarse en toda su “complejidad y monstruosidad”, así como construir amores que “le convengan” sin desilusionar ningún código preestablecido.
Relata que para lograr sentirse en casa ha llegado a “la convicción de que no existe hogar, solo estar dentro de una misma”.
“Si no me hubiera tenido que ir de Argentina, nunca hubiera escrito”, menciona la poeta Valeria Correa Fiz, quien explica que su literatura es resultado de la necesidad de hablar en su propia lengua y la constante introspección que tuvo al mudarse, primero a Miami, luego a Milán y después a Madrid.
Piensa que las personas migrantes pierden muchas cosas, entre ellas, la sensación de ser un “local”. “Vuelvo siempre en calidad de visitante”, dice al referirse a las ciudades en las que ha vivido.
El originario de Barquisimeto señala que las transformaciones no solo ocurren en aquel que se va, también en los sitios que solo existen en la memoria, pues se transforman en la vida real.
Dice que, en ocasiones, los lugares más melancólicos no están al otro lado del mundo, sino “a dos calles” de la casa en la que creció.
“Yo no hablo castellano, hablo español puertorriqueño” declara la lingüista boricua Natalia Olivero Huffman, a propósito de las decisiones que toma a la hora de escribir.
Desde su perspectiva, la vida es un viaje continuo de vuelta a casa y asegura que “se puede elegir el destino, pero el destino elige por ti”.
