"Se estima que cada año, unas 3,8 millones de niñas de entre 7 y 18 años, entre las que se incluyen más de 2,6 millones de madres adolescentes, quedan excluidas de forma permanente de los itinerarios de educación, lo que da lugar a una generación perdida de talento y potencial", declaró Gagnon en una sesión del Consejo de Seguridad sobre Afganistán.
Este "daño sistémico e institucionalizado", explicó, tiene repercusiones para toda la sociedad afgana.
Según un análisis reciente de Unicef, citado por la representante especial adjunta, las restricciones a la educación y la participación laboral de las mujeres "ya están pasando factura a la economía afgana y socavando el desarrollo económico a largo plazo del país".
"Las previsiones apuntan a una pérdida de 25.000 trabajadoras cualificadas para 2030", apuntó Gagnon, que avanzó que los sectores más afectados serán el de la salud y la educación.
La representante aseguró que la solución pasa porque las autoridades del país pongan fin a las restricciones a la educación y al empleo de mujeres y niñas.
Desde que los talibanes regresaron al poder en Afganistán en agosto de 2021, las afganas han sido víctimas de una lista de medidas discriminatorias en todos los ámbitos, quedando relegadas al ámbito doméstico.
La ONU y otros actores internacionales han denunciado estos hechos como "apartheid de género", sin embargo, como denunció Gagnon, lejos de relajar las restricciones se están incrementando.
Gagnon aseguró que Afganistán sigue siendo una de las mayores crisis humanitarias del mundo: casi la mitad de la población necesita ayuda y hay millones de retornos de países vecinos por las tensiones en Oriente Medio y el conflicto con Pakistán.
