El Líbano, el gran damnificado de la guerra entre EEUU e Irán con más de 3.800 muertos

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Beirut, 18 jun (EFE).- El Líbano se ha convertido en el principal damnificado de la guerra entre Irán y Estados Unidos, en la que el país mediterráneo sufrió la invasión terrestre de Israel, que causó la muerte de miles de personas y la destrucción de numerosas localidades en el sur, mientras Washington y Teherán medían sus fuerzas diplomáticas.

El conflicto, desencadenado tras el inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, arrastró rápidamente al Líbano a un nuevo frente bélico después de que el grupo chií libanés Hizbulá atacara territorio israelí y el Estado judío lanzara el 2 de marzo una invasión terrestre contra el sur libanés.

Estos son los principales efectos que ha sufrido el Líbano durante todo el conflicto que se internacionalizó con la decisión de Irán de cerrar el estrecho de Ormuz, afectando al tránsito de crudo y a los mercados energéticos globales, y sus ataques contra países del golfo Pérsico con bases estadounidenses en su territorio.

La firma digital anoche de un memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán abre una nueva etapa para la región al extender el cese de hostilidades al territorio libanés, pese al rechazo de Israel, que esta jornada vulneró el acuerdo horas después de su entrada en vigor con un ataque que acabó con la vida de una persona en el sur del Líbano, según la Agencia Nacional de Noticias (ANN) libanesa.

El presidente del Líbano, Joseph Aoun, ha defendido en los últimos meses que el fin del conflicto representa una oportunidad para reafirmar la soberanía del país y preservar la unidad nacional tras casi cuatro meses de devastación.

El mandatario ha insistido en la necesidad de que todas las decisiones relativas a la guerra y la paz permanezcan bajo la autoridad del Estado, al tiempo que ha llamado a acelerar la reconstrucción y el retorno de la estabilidad.

Por su parte, el secretario general de Hizbulá, Naim Qassem, aseguró en la víspera que el movimiento chií libanés respetará los términos del alto el fuego mientras cesen las agresiones israelíes y ha reivindicado la actuación de la formación durante la guerra.

Las negociaciones que desembocaron en el acuerdo fueron impulsadas principalmente por Pakistán y Catar, dos países que ejercieron labores de mediación entre Washington y Teherán durante las semanas previas a la firma del pacto.

El elevado coste humano del conflicto convierte al Líbano en el territorio más golpeado por la guerra.

Según los últimos datos difundidos por el Centro de Operaciones de Emergencia del Ministerio de Salud Pública libanés, desde el inicio de la invasión israelí el 2 de marzo hasta el 17 de junio han muerto 3.884 personas y otras 11.856 resultaron heridas.

La mayoría de las víctimas se concentran en las gobernaciones meridionales, donde localidades próximas a la frontera sufrieron intensos bombardeos y combates terrestres.

Zonas de Bint Jbeil, Marjayoun, Nabatieh y Tiro registraron algunos de los mayores niveles de destrucción, con barrios enteros arrasados y graves daños en infraestructuras civiles.

Hospitales, carreteras, escuelas, redes eléctricas y sistemas de abastecimiento de agua también se vieron afectados por los ataques, dificultando la prestación de servicios básicos durante meses y cuya cobertura corrió a cargo de organizaciones humanitarias y de voluntarios locales.

La ofensiva provocó el desplazamiento de cientos de miles de personas, muchas de las cuales abandonaron sus hogares en el sur para refugiarse en Beirut, Monte Líbano y otras regiones consideradas más seguras.

Numerosas familias perdieron sus viviendas, tierras agrícolas, negocios y fuentes de ingresos, lo que ha generado una crisis social que seguirá presente incluso después del cese de hostilidades.

Las autoridades libanesas y organismos internacionales coinciden en que la reconstrucción requerirá inversiones multimillonarias para rehabilitar viviendas, infraestructuras públicas y servicios esenciales, además de programas específicos para facilitar el regreso de los desplazados y la recuperación de sus medios de vida.

La guerra agravó la delicada situación económica que atravesaba el Líbano desde hace años con la paralización de la actividad en amplias zonas del país, la destrucción de infraestructuras y la incertidumbre provocada por el conflicto, que afectaron a sectores clave como el comercio, la agricultura y los servicios.

El pasado mes de abril, el Programa Mundial de Alimentos alertó de que la guerra podía derivar en una grave crisis alimentaria, ya que el precio de las verduras había subido más de un 20 % en un mes y el del pan un 17 %. Además, más del 80 % de los mercados estaban cerrados en el sur del Líbano, con rutas de suministro cada vez más restringidas.

El turismo, una de las principales fuentes de divisas para la economía libanesa, sufrió especialmente las consecuencias de la guerra con las cancelaciones de viajes, la reducción de vuelos y las advertencias internacionales que desalentaron la llegada de visitantes.