"Hemos constatado que se han confirmado algunos casos de ébola en algunas comunidades de desplazados internos. Están siendo monitorizados y se están llevando a cabo operaciones activas para garantizar su contención y tratamiento", afirmó en una rueda de prensa virtual Salih, sin precisar el número de casos.
"Pero tengo que admitir que no resulta tan fácil llegar hasta ellos y proporcionales la atención necesaria (...). El brote está teniendo un impacto directo en su protección: la interrupción de los servicios sanitarios y las restricciones de movimiento, por supuesto, están limitando el acceso a la atención médica", alertó el expresidente iraquí (2018-2022).
Asimismo, añadió, a causa del ébola "el estigma y las tensiones en la comunidad están aumentando, especialmente entre los desplazados" y están surgiendo más "complicaciones" para las campañas de retorno voluntario de refugiados con la vecina Ruanda.
ACNUR alertó este sábado de que el ébola amenaza a más de dos millones de personas desplazadas por el conflicto en el este congoleño, provocado por los conflictos entre el Ejército de la RDC y grupos armados.
Esas personas, que incluyen más de 320.000 refugiados, viven en zonas de riesgo donde "los combates continúan a la par de la propagación del ébola", subrayó ACNUR en un comunicado, al enfatizar su "preocupación por los movimientos de población hacia y desde las zonas afectadas, y su posible impacto en la transmisión".
La pasada noche, el Gobierno congoleño elevó a 1.003 los casos confirmados de ébola, incluyendo 254 muertes.
El brote se declaró oficialmente el pasado 15 de mayo en Ituri, provincia fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, pero se expandió a las también provincias orientales congoleñas de Kivu del Norte y Kivu del Sur.
La epidemia se propagó igualmente a Uganda, donde se han detectado 19 contagios confirmados, incluidos 14 casos que se consideran importados de la RDC y entre los que hay dos fallecimientos.
El brote se corresponde con la cepa de Bundibugyo del ébola, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30 % y el 50 % y para la que no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera "alto" el riesgo del brote en África subsahariana y "bajo" a escala global.
