Esta crisis, la enésima entre dos países forzados a entenderse y que comparten una amenaza común -Rusia-, puede reducir el apoyo estratégico de Polonia a Kiev y debilitar la cohesión del frente político aliado en un momento crítico de la guerra contra Rusia.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, impuso en mayo el nombre de 'Héroes del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA)' a una unidad militar ucraniana, una decisión "indignante" y "profundamente decepcionante" en palabras del presidente de Polonia, el ultranacionalista Karol Nawrocki.
El UPA fue responsable de las masacres de Volinia durante la Segunda Guerra Mundial, donde unos 100.000 civiles polacos fueron asesinados en una sangrienta limpieza étnica, unos hechos que Varsovia califica de genocidio, mientras muchos sectores en Ucrania honran al UPA por su lucha contra el dominio soviético.
La polémica escaló radicalmente el pasado viernes, cuando Nawrocki anunció su decisión de retirar a Zelenski la Orden del Águila Blanca, la máxima distinción de Polonia, otorgada en 2023.
La Orden solo se había retirado una vez en la historia y, aún hoy, se mantiene en manos de figuras tan controvertidas como Benito Mussolini o el excanciller alemán Gerhard Schröder, conocido por su buena relación con el Kremlin.
El pasado sábado, Zelenski devolvió físicamente la medalla por correo postal y denunció el doble rasero de Polonia al no retirársela a otros líderes históricos problemáticos.
En un gesto de solidaridad, los expresidentes ucranianos Leonid Kuchma, Viktor Yushenko y Petró Poroshenko también renunciaron a sus Órdenes del Águila Blanca, mientras que otros altos cargos, como el ministro de Exteriores, Andrí Sibiga, y el jefe de la inteligencia, Kirilo Budánov, devolvieron sus propias condecoraciones polacas.
La tensión ha provocado que Zelenski desista de asistir a la Cumbre de la Reconstrucción de Ucrania (URC 2026) que se celebra en Gdańsk (norte) este jueves, un evento del que es coorganizador.
El ministro de Defensa polaco, Władysław Kosiniak-Kamysz, lamentó este martes su ausencia y subrayó que "todo empezó con su errónea decisión" sobre el UPA, mientras insistió en que la verdad histórica sobre Volinia es "absolutamente necesaria" para cualquier buena relación futura.
Por su parte, el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha criticado la disputa como un "error estratégico" y afirmó que él no contribuirá a "avivar las tensiones", porque su prioridad es "minimizar las pérdidas".
Pese a la posición conciliadora del jefe de Gobierno centrista, el presidente Nawrocki, su rival político con el que mantiene una dura pugna, tiene amplios poderes de veto que pueden influir en las decisiones futuras sobre Ucrania
Coincidiendo con la polémica, Varsovia anunció hace días su intención de aplazar indefinidamente la entrega a Ucrania de unos aviones de combate prometidos hace años, con la justificación de que Kiev se niega a compartir su tecnología de drones militares.
La crisis ha traspasado la esfera política y comienza a sentirse en la sociedad civil: Kacper Raba, profesor de politología en Cracovia, declaró a EFE que, aunque la solidaridad bilateral persiste y está fuera de duda, la política está "ensuciando" las relaciones.
Según Raba, las consecuencias se verán a largo plazo, "cuando llegue la paz y Ucrania necesite el apoyo de Polonia para entrar en la Unión Europea" (UE), pues entonces "el Gobierno polaco deberá mostrarse duro, porque es lo que esperan sus votantes, que ven a Ucrania como una nación desagradecida con un pasado hostil".
Este enrarecimiento lo viven de primera mano refugiados como Luba y Volodímir, una pareja ucraniana que ha decidido regresar a su país tras dos años en Cracovia y que aseguró a EFE que "el ambiente está enrarecido para los refugiados en Polonia".
Volodímir, que aspira a encontrar trabajo como peluquero en algún sitio cercano a la frontera polaca al que poder desplazarse desde Ucrania, confesó que su antiguo patrón polaco le reconoció que "algunos clientes no querían venir a su negocio por tener un empleado ucraniano".
"Nunca agradeceré lo suficiente la ayuda de Polonia, pero cada uno debe vivir en su país", sentencia a pesar de todo.
El propio Tusk ha advertido que contra el crecimiento de la retórica antiucraniana en su país y ha señalado que este conflicto solo beneficia a Moscú, que encuentra en las rencillas históricas una oportunidad para fracturar la unidad europea.
