Tel Aviv anunció hace unas semanas su intención de abrir una embajada en Liubliana y hoy comunicó el nombramiento de Ruth Cohen-Dar, hasta ahora embajadora concurrente para Eslovenia y Malta, como la primera representante israelí que dirigirá de forma permanente la nueva legación diplomática.
Culmina así un giro radical en la política eslovena hacia Israel, tras el profundo deterioro de los vínculos bilaterales bajo el anterior Ejecutivo progresista encabezado por el liberal Robert Golob, que calificó la ofensiva militar israelí en Gaza de "genocidio" y reconoció oficialmente al Estado de Palestina en 2024, en una acción coordinada con España, Irlanda y Noruega.
Tras asumir la jefatura de Gobierno por cuarta vez a principios de junio, Jansa, un declarado admirador del presidente estadounidense, Donald Trump, y estrecho aliado del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se apresuró a revertir varias de las medidas adoptadas por su predecesor que Israel consideraba "hostiles".
De este modo, el nuevo Ejecutivo levantó el embargo a las exportaciones de armas a Israel, eliminó las prohibiciones de entrada al país que pesaban sobre Netanyahu y dos de sus ministros, y revocó el veto a las importaciones procedentes de los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada.
Inmediatamente después de ser investido, el nuevo Gobierno, formado por una coalición de conservadores y euroescépticos apoyada por un pequeño partido prorruso, ordenó retirar de su edificio oficial la bandera palestina que ondeaba desde 2024.
Además, Jansa ha manifestado en declaraciones a la prensa su intención de trasladar la embajada eslovena en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, así como de congelar el reconocimiento al Estado palestino.
Días antes de las elecciones generales de marzo, salieron a la luz en los medios eslovenos unas grabaciones supuestamente obtenidas por la empresa de inteligencia privada israelí Black Cube que sugerían la existencia de actos de corrupción vinculados al Gobierno de Golob.
El equipo del primer ministro saliente presentó entonces la filtración como una operación de injerencia extranjera diseñada para beneficiar en las urnas al partido SDS de Jansa en detrimento del entonces gobernante Movimiento de la Libertad de Golob, acusaciones que el actual mandatario ha rechazado categóricamente.
