En la asamblea anual que se está celebrando en la ciudad surcoreana de Busán y retransmitida en directo, la delegación de Kazajistán destacó que es "un día especial y significativo" para el país, al hacer realidad el llamamiento del presidente kazajo, Kasim-Yomart Takéyev, de compartir su patrimonio con el mundo.
Un representante de Astana explicó tras la inclusión que, durante siglos, las mezquitas labradas en la roca y los sitios sagrados de Mangystau se erigieron entre el desierto y el mar, no solo como lugares de oración, sino también de búsqueda de conocimiento, sabiduría, agua y paz.
Estas piedras, defendió el representante, llevan la memoria de sus antepasados, una memoria que hoy se convierte en parte del patrimonio compartido de toda la humanidad, trascendiendo su identidad cultural. Así, reafirmó su compromiso con preservar estos lugares para las futuras generaciones.
El conjunto sagrado incluido en el listado de la Unesco se sitúa a orillas del mar Caspio y consta de cinco complejos que datan de los siglos XII al XVIII, conocidos localmente como "mezquitas subterráneas", excavadas en laderas escarpadas o enterradas en el suelo del paisaje semidesértico.
Originarios del entorno nómada, estos conjuntos representan una cultura que es el resultado de una evolución en la que la espiritualidad sufí islámica transformó prácticas más antiguas relacionadas con el culto a ancestros, sacralidad del paisaje y líderes espirituales.
En este contexto, la Unesco hizo hincapié en que estos sitios sagrados han sido importantes destinos de peregrinación a lo largo de los siglos.
