En medio de una inflación persistente provocada por la guerra en Oriente Medio y las presiones del presidente Donald Trump para que baje las tasas e impulse el crédito, el Comité de Política Monetaria (FOMC) de la Fed decidió mantener en un rango de 3,50-3,75% sus tasas de referencia, por quinta vez.
Tres de los doce participantes en la votación se pronunciaron a favor de un aumento de 0,25 puntos de base.
El mercado esperaba este resultado: según la herramienta de seguimiento de CME, FedWatch, cerca de dos tercios de los analistas habían anticipado tal decisión. Pero al mismo tiempo, un tercio de los analistas apostaba por una subida de los tipos de interés.
Era una porción importante de opiniones divergentes entre los especialistas, algo que se ve poco la víspera de la decisión, y que se explicaba en particular por la voluntad del nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, de dejar de dar de antemano indicaciones sobre la dirección que podría tomar el banco central.
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Tendencias son positivas
“La economía (estadounidense) ha demostrado una solidez impresionante a pesar de los recientes choques. Las tendencias son positivas y nos muestran un crecimiento que sigue siendo robusto”, declaró Warsh, al justificar que el banco central haya decidido mantener sin cambios sus tasas.
En sus primeras declaraciones públicas como presidente de la institución, Warsh había reafirmado que la entidad se centraría en devolver estabilidad a los precios, sin aportar, no obstante, ninguna indicación sobre el método previsto.
Una subida de tipos de interés habría representado, sin embargo, un escenario desfavorable para el presidente Donald Trump, que ha prometido hacer bajar tanto los precios como los costes de endeudamiento.
Tasas más altas suponen crédito más caro.
