Clases de natación en las costas de Gaza: "Cuando venimos a nadar, nos olvidamos de todo"

Imagen sin descripción

Deir al Balah (Gaza), 30 jul (EFE).- Las playas de Deir al Balah, en el centro de Gaza, se han convertido en una improvisada escuela de natación que aspira a enseñar a nadar a 10.000 niños en los próximos meses, convirtiéndose las lecciones, además, en una vía de escape en una Franja sin espacios para el juego.

Bajo toldos improvisados con lonas de Unicef, más de una treintena de niños se zambullen en el mar y aprenden a flotar acompañados de un grupo de monitores. Lo hacen en una piscina natural, improvisada usando barreras de sacos de arena y plástico, también de esta agencia de la ONU.

 "Cuando venimos a entrenar, nos olvidamos de todo el ambiente de guerra en el mar", explica uno de los menores a EFE. "Uno se relaja y se olvida de todo. Cuando nado, siento paz y tranquilidad y me olvido de todo".

El pequeño explica que antes de la guerra vivía en Beit Lahia, en el extremo noroeste de Gaza y hoy mayoritariamente ocupada por el Ejército de Israel e inaccesible a sus habitantes. Cuando llegó como desplazado a Deir al Balah, encontró que no tenía a dónde ir para divertirse.

"Me encontré con que no podíamos salir, ni había parques infantiles, ni parques de atracciones, ni ningún sitio que conociéramos", lamenta.

Tampoco el 'hogar' es un espacio cómodo: cientos de miles de desplazados continúan hacinándose en enjambres de tiendas de campaña junto a la costa (pese a que la tregua lleva en vigor ya más de nueve meses), con pobre ventilación y donde el calor, bajo el sol del verano, es para muchos insoportable.

El 93 % de las escuelas en Gaza necesitan ser reconstruidas o una rehabilitación en profundidad para funcionar, y un 81 % del total de infraestructuras en toda la Franja se han visto destruidas o dañadas por los ataques israelíes, lo que deja a los menores sin espacios para el ocio, según datos de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

En total, los ataques de Israel han matado a más de 21.300 menores de edad desde el inicio de su ofensiva el 7 de octubre de 2023, en represalia a los ataques de las milicias gazatíes contra su territorio en los que murieron unas 1.200 personas.

Cuando los pequeños hablan de sus clases, repiten que acuden allí para aprender con una persona en específico: "El capitán Tantish".

Con un sombrero marrón y una camiseta en la que se lee en árabe e inglés "profesor de natación", Ámyad Tantish, fundador de la iniciativa, pasea entre los chavales que estiran siguiendo a otros monitores y les da indicaciones.

"Hemos conseguido construir cinco piscinas marinas seguras. El mes pasado logramos enseñar a nadar a 700 niños, la mayoría de ellos huérfanos, víctimas de la guerra y supervivientes de las zonas costeras", explica a EFE Tantish.

Asegura que en sus cursillos tienen capacidad para enseñar a nadar a unos 2.500 niños al mes, y aspiran a llegar a un total de 10.000 en los próximos cuatro meses. Cuenta para ello con un equipo de más de 50 monitores y clases tanto para niños como para niñas.

La infraestructura, sin embargo, fue difícil de conseguir: tuvieron que cavar y apilar los sacos de arena que cercan las piscinas de forma rudimentaria, a falta de cualquier tipo de maquinaria pesada accesible en el enclave. Además, sobreviven a duras penas con la financiación de organizaciones extranjeras, como Swim with Gaza.

Pese a que Tantish lleva a cargo de una escuela de natación desde 1999, este proyecto se fundó en honor de su hermano fallecido, Bahya.

"Surgió para honrar la memoria de mi hermano, Bahya Tantish, vicepresidente de la Federación Palestina de Kárate en Gaza, que falleció el año pasado en un ataque israelí contra nosotros mientras huíamos de nuestra casa, al norte de Beit Lahia", cuenta.

Fue Bahya quien enseñó al hoy profesor a nadar, le animó a dedicarse al deporte y finalmente a montar su escuela para los niños gazatíes.

"Necesitamos algo de diversión: el agua, los parques de atracciones, lo han bombardeado todo", resume Ammar, otro aprendiz de los cursillos y también desplazado.

El artículo 31 de la Convención de los Derechos del niño de las Naciones Unidas reconoce el derecho de los menores "al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y las artes".

"Dadnos algo más que el mar para disfrutar", lamenta.