La devoción y el rico folclore de Bolivia se lucen en la fiesta patrimonial del Gran Poder

Imagen sin descripción

La Paz, 1 ago (EFE).- La fuerza de los Andes y la riqueza del folclore boliviano se mostraron este sábado en las calles de La Paz con un despliegue de colores, música y entusiastas danzarines devotos del Señor Jesús del Gran Poder en esa festividad que en 2019 fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

La festividad fue muy esperada, ya que originalmente se celebra a fines de mayo o principios de junio, pero se tuvo que aplazar por el conflicto que afectó a Bolivia en esos meses.

"Es una gran fiesta que vivimos todos los bolivianos, es una festividad esperada y la mejor decisión que se ha tomado es no suspenderla, sino postergarla", dijo a EFE el alcalde de La Paz, César Dockweiler, quien junto a otras autoridades lideró la comitiva oficial que precedió al desfile folclórico.

Dockweiler destacó que la festividad coincida con el inicio del "mes de las fiestas patrias", que se conmemorarán el próximo 6 de agosto, y resaltó la "fe y devoción" presentes en el Gran Poder.

También estuvo el canciller boliviano, Fernando Aramayo, quien dijo a EFE que la fiesta es "motivo de orgullo" para los bolivianos porque "reúne tradición, identidad, innovación y diversidad" cultural.

"La fe juega un rol fundamental. Este es un elemento que plantea este sincretismo que tenemos en el país y es algo que debe hacernos sentir orgullosos", añadió Aramayo, quien también ejerce como ministro interino de Culturas.

La también llamada 'Fiesta mayor de los Andes' nació a principios del siglo pasado con fiestas indígenas en barrios populosos de La Paz, pero se convirtió en un desfile folclórico y masivo alrededor de 1940.

En esta edición participan unos 95.000 danzarines agrupados en 74 fraternidades, quienes recorren bailando diversas danzas folclóricas bolivianas los ocho kilómetros desde la populosa zona Garita de Lima, en el noroeste paceño, hasta el Parque Urbano Central, pasando antes por varias zonas comerciales y el centro histórico de la ciudad.

Junto a ellos están 35.000 músicos agrupados en bandas de bronces que acompañan a cada fraternidad y ofrecen un espectáculo aparte con sus propias coreografías.

La demostración comenzó cerca de las 8.00 hora local (12.00 GMT), aunque desde horas antes, las calles cercanas al punto de partida estaban cerradas por comerciantes ambulantes que vendían accesorios y numerosos salones de belleza improvisados en carpas para peinar y maquillar a las danzantes.

Dos carrozas con una pintura y una imagen de Jesús del Gran Poder, flanqueadas por bailarines y monaguillos, precedieron a la comitiva de autoridades y folcloristas de La Paz.

La primera fraternidad que ingresó fue la Unión de Bordadores, con la diablada, la danza que es un emblema del también patrimonial Carnaval de Oruro y que escenifica la eterna lucha entre el bien y el mal, representados por el arcángel San Miguel y Lucifer.

Luego fue el turno de la Morenada Comercial Eloy Salmón, la primera de varias fraternidades que interpretaron esa danza, que es la reina del desfile y es la preferida por los aimaras porque les permite exhibir su poder económico en lujosas máscaras, trajes, vestidos y joyas.

Una de sus figuras es la emblemática chola paceña, la mujer aimara con la larga cabellera recogida en dos trenzas, que luce sus mejores galas en esta festividad, incluido su tradicional sombrero bombín, además de la típica pollera amplia, blusa y manta con colores encendidos y joyas valiosas.

Los hombres, llamados 'morenos' y 'achachis', llevan pesados trajes bordados con lentejuelas, perlas y cuentas, además de máscaras de metal coronadas con enormes plumas que se mueven de un lado a otro al ritmo del paso lento y acompasado de esta danza.

Numerosas fraternidades de morenadas intercalaron con otras danzas bolivianas como el salay, que se baila haciendo zapateos, o el waka tokori, una sátira de las corridas de toros popularizadas en el altiplano boliviano desde la colonia, en la que las mujeres van vestidas como lecheras y llevan puestas varias polleras.

El poderío de la festividad queda patente en el movimiento económico que genera, calculado para este año en unos 80 millones de dólares.