Las autoridades de Estados Unidos y Japón intervinieron la semana pasada de forma conjunta en el mercado de divisas para frenar el declive del yen, que se encontraba en su nivel más bajo en 40 años frente al dólar estadounidense, en la primera acción coordinada de este tipo desde 2011.
Estas son las claves de una inusual intervención de la divisa, la tercera más operada a nivel mundial, que Washington justificó porque la excesiva volatilidad del yen podría perjudicar más allá de las fronteras japonesas: a Asia y a la economía global en su conjunto.
Si bien Japón y Estados Unidos son dos aliados que comparten lazos económicos y financieros, la participación del país norteamericano tiene de fondo la preocupación de que Tokio venda parte de su reserva de bonos estadounidenses para financiar nuevas intervenciones, lo que ejercería presión al alza sobre los tipos de interés de EE. UU. y elevaría los costos de endeudamiento del país.
Para Washington, la intervención coordinada es una estrategia que le permite hacer un "gran favor" a un aliado "valioso", también frente a China, al tiempo que alivia la presión sobre los tipos estadounidenses.
Además, el costo financiero y político "resulta mínimo" para la Administración de Donald Trump, explicó en un comunicado Shigeto Nagai, jefe de economía de Japón de Oxford Economics. El experto dijo después a EFE que "EE. UU. tiene gran interés en contener las perturbaciones del mercado que surgen de Tokio", con el fin de evitar efectos de contagio negativos en los mercados financieros globales.
Esta operación coordinada siguió a una intervención unilateral llevada a cabo en abril-mayo por las autoridades japonesas en la que, según datos desglosados del Ministerio de Finanzas publicados este viernes, realizaron la mayor compra de yenes en un solo día.
Entonces, cuando el cambio superó los 160 yenes por dólar, Japón intervino en el mercado de divisas por un total de 11,73 billones de yenes (unos 64.200 millones de euros), de los que más de la mitad (6,28 billones de yenes o 34.390 millones de euros) fueron solamente el 30 de abril.
Esta acción contribuyó a que el yen se apreciara temporalmente, pero no logró revertir su tendencia a la baja, a pesar de que el BoJ subió a mediados de junio los tipos de interés de referencia a corto plazo al 1 %, su nivel más alto en tres décadas.
Desde entonces, la depreciación del yen frente al dólar se aceleró hasta alcanzar su nivel más bajo en cuatro décadas sin que las autoridades japoneses intervinieran, lo que llevó a los analistas a concluir que Japón estaba dispuesto a aceptar una mayor debilidad de la divisa frente al billete verde.
Cuando el cambio rozaba los 164 yenes por dólar a finales de julio, el país asiático decidió intervenir de la mano de Estados Unidos. ¿Por qué ahora y por qué así? La respuesta "corta" de Nagai es que en este momento es cuando, después de largas negociaciones, logró obtener el respaldo de la Administración Trump.
Sin embargo, añade que los mercados financieros están especulando con que Estados Unidos aceptó la intervención coordinada con la condición de que el Gobierno de la conservadora Sanae Takaichi acepte una normalización más rápida de los tipos por parte del banco central.
El experto destaca que esta acción coordinada tiene un impacto "mucho mayor" que una unilateral: "Se había mostrado reticente a intervenir al saber que las acciones unilaterales no tienen un efecto duradero, por lo que buscaba el momento oportuno para maximizar la eficacia de la intervención", señala.
Ante este precedente, cabe preguntarse si esta nueva intervención apuntalará el yen a largo plazo. Si bien la previsión de Oxford Economics parte de una hipótesis de evolución ligeramente más fuerte del yen durante el resto del año, consideran que la intervención no será lo suficientemente contundente como para invertir la tendencia.
Bajo esta premisa, la consultora mantiene su previsión de que el tipo de cambio yen/dólar, que actualmente está a 158, se situará en torno a 160 cuando termine el año, aunque prevé que se fortalecerá gradualmente en 2027, a medida que el BoJ prosiga con las subidas de tipos y la Reserva Federal comience a reducirlos.
