"El Chocó ha vivido en toda su historia racismo estructural. Si nosotros no comunicamos al mundo lo que está pasando, el Chocó se olvida, que es como siempre ha pasado en Colombia", denuncia Peña en la capital española, donde vive, y asegura estar organizando junto con sus primas de Bogotá el envío de insumos médicos para los afectados en el epicentro del terremoto.
Peña incide en que ese departamento es uno de los que tiene mayor desempleo en Colombia e incluso en muchos lugares no hay acceso a agua potable ni carreteras. "Imagínate un terremoto en un municipio con estas características", exclama, para hacer hincapié en el impacto de los daños materiales en esa región.
"Cuando la gente dice: 'Bueno, pero están vivos, lo material se recupera'. No, lo material no se recupera, porque para la gente poner un ladrillo han sido años de trabajo", subraya Peña, que se alegra de que su familia esté bien pero lamenta la muerte de un amigo.
Desde su residencia en la capital española, la arquitecta explica que varias organizaciones, como Conciencia Afro o Parcería, ambas en Madrid, organizarán un evento el próximo sábado para recaudar dinero y poder enviar "ayuda en conjunto".
"La impotencia es muy grande. La angustia no se puede explicar", asegura a EFE, entre lágrimas y con la voz cortada, María Fernanda Ramírez, originaria de Cali y residente en Sevilla (sur de España).
La colombiana relata que su cuñado se encuentra desaparecido y narra que sus hermanas no pudieron salir de casa, ya que una de ellas vive con una discapacidad, por lo que durante el movimiento no huyó y su otra hermana se quedó para acompañarla, "sin saber si se iba a venir la casa abajo o no".
Una vez que terminó el sismo y ante el temor a una réplica, salieron a la calle, donde permanecieron durante horas.
"A los colombianos que estamos tan lejos de casa y a tantas horas de diferencia, solo nos queda esperar. Esperar noticias, pedir a Dios que todo marche bien, que todo siga adelante y todo mejore", lamenta.
Robinson Ortíz, propietario de la panadería La Pereirana, en Madrid, está "muy consternado" por lo sucedido en su país.
"Desde aquí se vive con impotencia, porque quieres estar allí con los demás paisanos, ayudando de una forma u otra y se siente uno impotente, porque ¿cómo hace uno para viajar de un día para otro? Es muy difícil", dice a EFE el colombiano.
Él es, precisamente, uno de los afectados directos por los daños estructurales, pues dos construcciones que posee en su país se han visto dañadas y lamenta que le va a tocar derribar una de ellas.
Ortiz cuenta que desde el terremoto ha notado "el bajón de clientes" en su negocio, que achaca a que muchos habrán optado por quedarse en casa preocupados por sus familiares.
En cuanto a formas de enviar ayuda a sus compatriotas, Ortíz dice que lo hará por medio de una organización a la que pertenece, llamada Estudio 40, que organiza eventos artísticos y literarios latinoamericanos en Madrid, y también organizándose con sus amigos colombianos.
John Anderson Peláez, otro pereirano residente en Madrid y uno de los dueños del restaurante El fénix, cuenta que la primera noticia que recibió de su familia tras enterarse del terremoto fue a través de una llamada de su sobrina. "Estaba muy alterada y me decía: 'Tío, pensaba que nos íbamos a morir'", relata.
"Es una cosa que lo deja a uno sin palabras. Pensar que hay tantas vidas en los escombros es algo desgarrador", dice Peláez desde su restaurante.
"Estamos esperando para mandar ayuda a través del consulado colombiano. Esperamos saber qué centro de acopio van a tener para llevar las ayudas allí", añade.
