Ese día, había salido a informar desde la calle y lo primero que vio, relata a EFE, fue a empleados del gobierno saliendo de sus oficinas "porque algo estaba sucediendo".
Acto seguido, los helicópteros del presidente afgano abandonaron la capital ante sus ojos: "Yo lo vi, vi los dos helicópteros, volaron por encima de mí", asegura en su casa en Campaspero, un pequeño pueblo de apenas un millar de habitantes en Valladolid (centro de España).
El presidente afgano abandonó la capital en helicóptero antes de que los talibanes tomaran el poder, cuenta Khan en el salón de su casa. Después de que se anunciara que Ashraf Ghani había huido, "se perdió la esperanza y los talibanes entraron en Kabul".
"Los talibanes entraron y, de alguna manera, lograron asegurar la ciudad en casi 12 horas. Después, comenzó el robo de coches gubernamentales, de ambulancias, coches de policía...", relata Khan, que viste una camiseta con la palabra Afganistán y un corazón con los tres colores de la bandera.
Cuando ese día por fin pudo llegar al centro de Kabul -a pie, era imposible conducir por los atascos que se formaron-, vio a reclusos saliendo de la cárcel del departamento afgano de inteligencia. "Eran combatientes talibanes. Fueron capturados por las fuerzas de seguridad afganas y los vi salir porque no había nadie para vigilarlos. Todo era caótico", recuerda.
Al final del día, Khan se encontró con "el primer combatiente talibán" en una calle cercana a su casa cuando regresaba.
"Vestía ropa normal, como los civiles, pero llevaba un rifle americano con mira de francotirador. Era un francotirador, y cuando me vio me apuntó directamente con su arma", explica, mientras gesticula reproduciendo la posición del talibán apuntándole.
Khan se quedó "en shock durante unos segundos" y, cuando advirtió que le estaba mirando a través del visor, decidió seguir caminando en su dirección.
"No hablé con él, pasé por su lado y no me disparó", cuenta. "Llegué a mi casa y seguí trabajando desde allí hasta la noche".
A la mañana siguiente, acudió al centro de la ciudad, que estaba "ya casi vacía", para fotografiar la gran bandera nacional de la colina Wazir Akbar Khan, "porque estaba seguro de que la bandera sería cambiada".
"Esa fue mi última foto y todavía la tengo en la pantalla de mi ordenador", asegura.
Khan no pudo salir de Kabul inmediatamente, a pesar de estar seguro de que su trabajo como periodista le había puesto en peligro; tuvo que esperar seis días para abandonar su país.
"En el aeropuerto internacional de Kabul había mucha gente", dice, y afirma que ni intentó entrar porque "era demasiado arriesgado".
Fue el 21 de agosto cuando pudo huir a Pakistán con su mujer y sus dos hijos y, desde allí, con la ayuda de la embajada de España, acceder con nuevos documentos al aeropuerto de Islamabad.
"El vuelo en el que fui creo que llevaba casi 300 personas. Ese avión llegó a Madrid", recuerda.
Khan admite que durante cuatro años tuvo la esperanza de poder regresar a su país, que no se planteaba asentarse definitivamente en España.
"Puedo decirte que en cuatro años no me saqué el carné de conducir aquí porque pensaba que volvería a Afganistán, y vivía en una casa alquilada", reconoce.
Pero hace cinco meses, se dijo a sí mismo, "tengo que empezar una nueva vida aquí, porque la situación actual de Afganistán es una encrucijada".
Fue entonces cuando se sacó el carné, se compró un coche y la casa donde vive con sus cuatro hijos y su esposa, explica: "Para mí, eso lo es todo".
El resto de su numerosa familia todavía sigue viviendo en Kabul y habla con ellos "casi diariamente".
Durante años informando desde Kabul, Khan asegura que vio escenas que todavía recuerda vívidamente, como la ambulancia bomba conducida por talibanes que explotó frente a él y acabó con la vida de cerca de 100 personas ante el Ministerio del Interior.
"Recuerdo que ese día discutí con el portavoz talibán Zabiullah Mujahid. Le conté sobre el ataque, que ocurrió en una vía pública, y él me dijo que no, que su objetivo era el gobierno. Estaba mintiendo, no era cierto. Él no estaba en el lugar de los hechos, pero yo sí", rememora.
De hecho, trabajando para EFE, recuerda que "si había un ataque, los editores usaban la expresión ´ataque terrorista´ y los talibanes no lo aceptaban. Muchas veces me pidieron que cambiara mi forma de escribir, pero esa era la realidad".
"No era seguro, podía pasarme cualquier cosa", dice Khan, que ahora colabora con varios medios, entre ellos EFE, y espera, en algún momento, poder regresar a su país.
