El nombre viene de la trama, ya que en la obra, escrita por la dramaturga mexicana Ginna Álvarez, una familia viaja al monte para cazar venados y celebrar los 15 años de Irene, la hija. Sin embargo, al no encontrar animales, las miradas y la escopeta cambian de rumbo, convirtiendo a la cumpleañera en la nueva presa.
Este 'thriller' psicológico latinoamericano, dirigido por la ecuatoriana Isadora Fonseca, usa la cacería como una metáfora para desnudar la violencia machista y los abusos que ocurren a puerta cerrada dentro del hogar.
La obra aborda el tema de la violencia "desde un lugar no panfletario", sino desde la realidad del traspaso generacional de la violencia a través de los ritos de paso, como los 15 años, el alcohol, las armas", explica a EFE Fonseca.
En los personajes se ve un cambio del masculino viejo, representado por el padre con Alzheimer de la chica, al masculino nuevo: la virilidad fuerte que se impone sobre la vejez y sobre una familia, donde la madre, atrapada en su propio círculo de sumisión, da en herencia su "rol femenino de opresión" a la quinceañera.
La historia, con elementos de realismo fantástico, avanza entre las lagunas mentales de un padre con Alzheimer, quien en medio de su olvido intenta proteger a su hija del acoso y le regala un rifle como un símbolo "de armas tomar frente a su propia vida" antes de que el entorno lo consuma.
"Para erradicar la violencia contra la mujer se tienen que volver a visitar permanentemente estos temas y hablarlos desde distintos ángulos", afirma Fonseca, quien usa el teatro para llegar directamente el inconsciente del espectador.
En el escenario, el chilenouruguayo Ignacio de Vries interpreta a Carlos, la cara más oscura de la masculinidad como medio de dominación.
Carlos "ve a la mujer, independiente de la relación sanguínea, filial o de amistad, básicamente como una presa. Es un depredador. Se hace una comparación entre la caza deportiva y la conquista femenina", confiesa sin filtros.
Para él, el estreno de la obra ocurre en un momento crítico donde los discursos de odio y la misoginia ganan terreno en internet.
"Lamentablemente, vemos que las primeras en perder derechos son las mujeres: o pierden los derechos o pierden la vida", advierte en un país como Ecuador, donde desde que se tipificó el feminicidio como delito (2014), se han registrado 2.464 casos.
La educación es la clave para combatir la violencia machista, sostiene el actor, impactado a su vez por la existencia del movimiento TradWife (esposas tradicionales) y figuras de la "machosfera" de extrema derecha en Estados Unidos, ganando adeptos en América Latina, que buscan suprimir el voto femenino.
"Estamos retrocediendo, lamentablemente, a pasos agigantados", señaló al anotar que el teatro no puede ser un simple pasatiempo que favorezca el 'statu quo', pues el arte cumple "un rol para generar pensamiento crítico".
Enérgico, el actor dijo a EFE que no se puede permitir la discriminación y violencia contra alguien por su credo, religión, raza, etnia o su género. "Es brutal lo que está pasando", opina.
Por ello, la obra, que se estrenará este próximo viernes en el teatro Malayerba, lejos de ofrecer respuestas unívocas es un llamado directo a reaccionar, pues callar ante el abuso convierte a todos en cómplices, sostiene.
