A partir de hoy diversas exhibiciones y actos recuerdan en lugares como la emblemática Puerta de Brandeburgo o el Memorial del Muro el impacto de esa barrera desaparecida hace ya casi cuatro décadas y que se cobró durante su existencia unas 140 víctimas mortales.
"Hoy nuestro país lleva más tiempo unificado del que estuvo dividido y vivimos en libertad y en paz. La lección del Muro es que no hay que dar la libertad y la democracia por dadas, sino luchar por ellas una y otra vez", escribió en X el canciller alemán, Friedrich Merz.
La presidenta del Bundestag o Cámara Baja del Parlamento, Julia Klöckner, señaló en su discurso en el acto central de conmemoración que las huellas del Muro siguen haciéndose notar hoy día y que temas como la migración, la pandemia o la relación con Rusia se enfocan aún de forma distinta en el este y en el oeste.
"El 13 de agosto, el lugar de residencia, el barrio o incluso la acera de la calle determinaron la libertad o la falta de libertad", dijo con respecto a la división de Berlín, que condenó como un "acto de violencia política".
La presidenta del Bundestag, que depositó coronas en homenaje a las víctimas del Muro, recordó a las dos primeras, Ida Siekmann y Günter Litfin, que murieron pocos días después al intentar huir al oeste, la primera al saltar desde una ventana y el segundo abatido por la policía de la comunista República Democrática Alemana (RDA).
"Nadie tiene la intención de construir un muro", había dicho públicamente dos meses antes de que empezara a ser levantada la barrera Walter Ulbricht, el presidente del Consejo de Estado de la RDA.
Sin embargo, la sangría hacia el oeste de emigrantes, en su mayoría jóvenes formados, se convertía en un problema cada vez más acuciante, pues para entonces la RDA ya había perdido aproximadamente tres millones de personas desde su fundación en 1949.
El resto de la frontera estaba bien fortificada, pero en Berlín, donde los pasos se encontraban bajo la administración de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, era todavía relativamente permeable y sólo en julio de 1961 habían huido por ellos unas 30.000 personas.
Por ello, una vez que el líder soviético Nikita Jruschov, que inicialmente veía el levantamiento de un muro como una derrota simbólica, dio su visto bueno, las autoridades de Alemania oriental comenzaron en el más estricto secreto los preparativos, en lo que fue bautizado como la 'Operación Rosa'.
A la una de la madrugada del 13 de agosto, un domingo, miles de policías, guardias de fronteras, soldados y trabajadores movilizados formaron un cordón alrededor de la isla que constituía Berlín occidental y levantaron alambradas y barricadas temporales, que luego serían sustituidas por elementos de mampostería.
El muro así levantado transcurría a lo largo de 155 kilómetros -43 que dividían la ciudad y 112 que rodeaban el resto de Berlín occidental- y estaba jalonado por 280 torretas de vigilancia, parte de un sistema de seguridad cada vez más complejo.
La justificación oficial para el Muro era que se trataba de una barrera defensiva, diseñada para proteger a la sociedad socialista frente al influjo pernicioso del capitalismo y los intentos de sabotaje imperialistas. Públicamente se le denominaba incluso "la muralla de protección antifascista".
A ello aludió Klöckner en su discurso al señalar que un país libre no necesita "murallas de protección", sino que es la inviolabilidad de la dignidad humana lo que actúa como "escudo protector contra cualquier forma de inhumanidad".
