Este pueblo, en el que viven unas 7.000 personas, tiene según las autoridades locales, el 100 % de sus edificaciones con al menos una afectación leve y la mayoría de sus fachadas muestra marcas que dicen "Peligro grave", "Peligro colapso" o "Acceso prohibido".
Todas las casas conservaban la típica arquitectura colonial campesina que caracteriza a la mayoría de pueblos de la turística región del norte del Valle del Cauca, que hacían de este un municipio cautivador, pero ahora muchas de ellas están en el suelo.
Por esa razón, sus habitantes trabajan sin descanso, con la ayuda de autoridades, trabajadores de empresas de servicios públicos y voluntarios que han llegado de todo el país, en la recogida de escombros para empezar, lo más pronto posible, la reconstrucción de su pueblo querido.
Las calles están llenas de tierra, ladrillos y restos de madera, pero eso no impide que la gente camine y ofrezca su ayuda para lo que haga falta, incluso hay lugares donde ofrecen agua y comida a quienes van andando porque la solidaridad marca el ritmo de las labores de remoción.
"Esto es una cosa impresionante. Yo no me encontraba en la residencia, ya me había desplazado a mi lugar de trabajo", dice a EFE Agustín Restrepo Benavides, sepulturero de El Cairo, frente a su casa, que ya no tiene segundo piso y está a punto de colapsar por completo.
Esa casa, de fachada blanca con puertas y ventanales amarillos, era propiedad de Restrepo y de su familia desde hace más de cinco décadas y actualmente la habitaba con su hermana y una inquilina a la que tenían alquilados "los bajos", quienes tampoco estaban allí cuando el sismo de magnitud 7,4 del lunes pasado la destruyó.
"Aquí quedaba el Teatro Nancy. Mi padre lo compró, la arregló y desde entonces fue de nuestra familia", cuenta Restrepo.
El hombre revela su sensación de incertidumbre ya que aún no sabe si podrán volver a vivir en ese terreno porque la tierra de la zona está erosionada y puede ser riesgoso.
"Hay que esperar qué dicen los especialistas, esperar si se puede volver a construir o no", dice el hombre, que siente mucha tristeza de ver su pueblo completamente destruido.
Sin embargo, el sepulturero agradece las ayudas humanitarias que han enviado a la zona y se muestra esperanzado, porque a pesar de las dificultades, cree que El Cairo volverá a salir adelante.
"Esto es a largo plazo, serán dos o tres años en los que El Cairo se podrá recuperar (...) En estos momentos hay que bregar (intentar) tener fe en Dios, vamos a salir", añade.
En El Cairo, que tiene trece calles de largo y cinco de ancho, hay unas 60 casas por demoler, explica a EFE el alcalde encargado, Carlos Alberto Correa, quien añade que el terremoto dejó tres personas fallecidas y cuatro heridos. No hay desaparecidos.
"Si ustedes pueden ver, el municipio de El Cairo está afectado en un 100 % de sus estructuras. Necesitamos tejas españolas, hojas de zinc, listones, cartones, puntillas para la parte de infraestructura", señala Correa.
El alcalde encargado, que recibe a decenas de personas que lo buscan pidiendo ayuda y trabaja de la mano con su equipo para atender las necesidades de los pobladores, destaca la ayuda humanitaria que han recibido, que ha permitido satisfacer las necesidades básicas de los habitantes.
No obstante, insiste en que la prioridad es "la parte de la infraestructura para empezar a recuperar algunas viviendas que solamente tienen problemas en los techos".
Este pueblo ha recibido ayuda de ingenieros de toda Colombia e incluso de tres de la Universidad de Cataluña, que viajaron hasta esta remota localidad del país para ayudar a los damnificados.
Correa destaca que la labor de liderar la recuperación de El Cairo "no ha sido tan complicada" porque cuentan "con la solidaridad de la gente".
"Lo que pasa es que es una tarea ardua porque hasta ahora estamos comenzando. Sabemos que esto se puede demorar seis meses o un año. Volver a reconstruir El Cairo es difícil, teníamos el cuarto municipio más bonito de Colombia y mire cómo quedó. Pero bueno no podemos luchar contra los fenómenos de la naturaleza", concluye el alcalde encargado, que como sus paisanos no se rendirá hasta recuperar lo que el terremoto les quitó.
