Durante la homilía en la Basílica Menor de Suyapa, en Tegucigalpa, el cardenal relacionó el Evangelio con el sufrimiento de las familias hondureñas que pierden a sus hijos de manera violenta y destacó el dolor de las madres y padres que esperan el regreso de sus hijos y terminan encontrándolos muertos.
"¿Cuántas madres, cuántos padres ven a sus hijos masacrados por la violencia, jóvenes que andan trabajando, que se trasladan en una motocicleta y que los encuentran después muertos y abandonados?", subrayó Rodríguez.
Entre enero y julio de 2026, Honduras registró al menos 363 muertes violentas de menores y jóvenes, una cifra que representa un aumento del 13 % respecto a las 321 víctimas contabilizadas en el mismo período de 2025, según cifras de la Red de Instituciones por los Derechos de la Niñez (Coiproden).
Para el cardenal, el Evangelio mantiene plena vigencia frente a la realidad hondureña y recordó que Jesús también tiene "compasión de los padres y las madres que pierden a sus hijos de esa manera violenta".
También se refirió a los jóvenes que participan en hechos delictivos y a las condiciones familiares y sociales que pueden favorecer su incorporación a las pandillas o el crimen organizado.
"No han sido educados en la fe, han crecido como plantitas silvestres", afirmó, al considerar que algunos pueden haber sido abandonados por sus familias o haber encontrado en las pandillas su principal espacio de pertenencia e identidad.
El religioso preguntó además cuántos jóvenes están "atormentados por un demonio malo, por el crimen, por la muerte, por quitarle la vida a otros cuando la vida es sagrada", y sostuvo que la respuesta frente a esa realidad pasa por recuperar valores, fortalecer a las familias y acercar a los jóvenes a Dios.
En su reflexión, insistió en que la violencia no puede verse únicamente como un problema de quienes cometen delitos, sino también como una tragedia que afecta a sus familias y a toda la sociedad.
El cardenal llamó finalmente a construir una sociedad basada en la verdad, la justicia, el amor y la confianza, y advirtió que Honduras no puede continuar "tan alejada de Dios, de la verdad, de la justicia, del amor".
