Vila Euclides confía en la victoria de Lula: "Va a ser más fácil que hace cuatro años"

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São Bernardo do Campo (Brasil), 16 ago (EFE).- El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, regresó este domingo al lugar que lo encumbró hace casi medio siglo para lanzar la que posiblemente será su última campaña presidencial.

A menos de dos meses de los comicios, el líder progresista se dio un baño de masas en el estadio municipal de fútbol de Vila Euclides, en los suburbios de São Paulo, donde lideró huelgas sindicalistas en plena dictadura militar.

"Estoy orgulloso de estar aquí 47 años después, tal vez un poco más ronco", bromeó el político de 80 años ante miles de simpatizantes, vestidos mayoritariamente de rojo, el color del Partido de los Trabajadores (PT).

Lula tiene como principal rival en estas elecciones al ultraderechista Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), a quien derrotó en 2022.

Las últimas encuestas los sitúan en empate técnico en la segunda vuelta; a Lula con un 43 % de las intenciones de voto y a Bolsonaro con un 40 %.

Aunque la carrera está ajustada, los asistentes al acto de hoy no dudaban de que su ídolo obtendrá un cuarto mandato.

“Es el 'Día D'”, comentaban animados Wagner Fernandes y sus amigos, vestidos con las camisetas de un sindicato, mientras se sacaban 'selfies' frente al estadio.

Fernandes dijo a EFE que esta campaña es “bien más fácil” que la de cuatro años atrás porque Flávio no tiene el “carisma” del padre, si bien apuntaba a que la izquierda está “debilitada”.

“Hay que rescatar la cultura del sindicalismo”, afirmó este comerciante de 48 años, nostálgico de los años en que Lula, como líder del sindicato de los metalúrgicos, reunía a miles de personas.

Fue precisamente en este modesto estadio del barrio de Vila Euclides, en el municipio de São Bernardo do Campo, donde el actual mandatario protagonizó en mayo de 1979, durante la dictadura militar, una manifestación multitudinaria en favor de mejores salarios.

Ese día, mil veces contado, Lula no disponía de escenario ni de micrófono y se tuvo que subir a una mesa improvisada y usar un altavoz.

Como sus palabras no alcanzaban a escucharse en todo el estadio, los más próximos las repetían a los de atrás y así sucesivamente hasta llegar a los más alejados.

Esa imagen de Lula discursando de pie en medio de un mar de personas ha quedado grabada en la memoria colectiva; es historia de Brasil.

Ana Maria Maia, profesora de 71 años que estaba hoy en el acto, también participó en esas huelgas, que le dejaron una “marca” imborrable, según contó a EFE.

“Sigo a Lula desde siempre, desde que yo era estudiante”, aseguró esta mujer bajita de pelo corto y blanco, acompañada de su hijo Igor, trabajador metalúrgico como lo fue el líder progresista.

A diferencia de aquel famoso acto de 1979, hoy el presidente sí dispuso de un escenario, con pantalla gigante además, en un estadio que lucía casi lleno.

“En 1979 había más gente que hoy, esa parte estaba a rebosar”, admitió Lula.

Los tiempos son otros, pero el discurso mantiene la esencia: el foco en los trabajadores y en los programas sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza.

Al mismo tiempo, Lula ha incorporado nuevos elementos, como la importancia de la lucha contra el feminicidio, y hoy dejó que su esposa, Rosângela ‘Janja’ da Silva, hablara antes que él para reivindicar el papel de las mujeres.

Además, los embates de los EE.UU. de Donald Trump contra Brasil han reforzado el discurso de defensa de la soberanía.

Uno de los momentos más aplaudidos del acto fue cuando Lula aseguró que no permitirá a EE.UU. ni a ninguna otra potencia aprovecharse de los minerales críticos de Brasil porque estos serán procesados en el país “en beneficio del pueblo”.

Entre el público, Karley Almeida, profesora de 42 años, dijo temer que hubiese injerencias de Trump en las elecciones.

Aun así, y pese a la ola derechista que sacude Latinoamérica, dijo confiar en una victoria: “Brasil y México son los últimos bastiones de la izquierda… tenemos que aguantar”.