Los misiles fueron lanzados desde posiciones controladas por los hutíes al este de la ciudad de Taiz, aseguraron las fuentes, pero hasta el momento no se han proporcionado detalles sobre los objetivos de los misiles ni sobre si causaron víctimas o daños.
Los ataques se produjeron en el marco de una serie de operaciones militares hutíes dirigidas contra instalaciones a lo largo de Bab al Mandeb y la costa sur del mar Rojo controlada por el Gobierno yemení internacionalmente reconocido, particularmente en la estratégica ciudad portuaria de Moca y sus alrededores.
El estrecho de Bab al Mandeb, que separa el Yemen del Cuerno de África, es uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, ya que enlaza el mar Rojo con el golfo de Adén y, por tanto, con el océano Índico, actuando como puerta de acceso obligada para la ruta más corta entre Europa y Asia a través del canal de Suez.
La seguridad del estrecho, una de las rutas comerciales más importantes del mundo por donde pasa cerca del 15 % del comercio marítimo mundial y de vital importancia tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, se ha convertido en una importante preocupación internacional en medio de los repetidos ataques de los hutíes y las tensiones regionales más amplias.
En los últimos días, se ha intensificado la escalada entre los rebeldes y el Gobierno yemení reconocido en varios frentes del país, especialmente en la costa occidental y en torno a Moca y el estrecho de Bab al Mandeb.
Los ataques de los hutíes también se producen después de que las fuerzas gubernamentales llevaran a cabo 181 operaciones militares contra posiciones de los rebeldes con varios muertos, informó ayer el portavoz de las Fuerzas Armadas del Gobierno yemení, Majid al Nuzaili.
Mientras, los insurgentes han seguido atacando con misiles balísticos y drones la ciudad portuaria de Moca, controlada por el Gobierno reconocido, así como la ciudad petrolera de Marib.
Los rebeldes hutíes controlan Saná, la capital del Yemen, y gran parte del norte y el oeste del país desde que tomaron la ciudad a finales de 2014, cuando empezó el conflicto.
Las fuerzas afines al Gobierno, respaldadas por potencias regionales durante gran parte de la guerra, sobre todo por Arabia Saudí, mantienen el control de zonas de la costa occidental.
Los hutíes y sus rivales han evitado en gran medida un retorno a los niveles de combate a nivel nacional que se registraron antes de la tregua negociada por la ONU en 2022, pero la escalada del conflicto por parte de los insurgentes ha continuado en varios frentes.
