Con una combinación de ciencia ficción y drama familiar, la película, que se estrena este jueves en cines de Ecuador, plantea cuestionamientos en torno a los prejuicios raciales, que experimentó en carne propia al presentar a su novio europeo en Ecuador.
Esta coproducción entre Ecuador, Perú y España narra la historia de una humilde y joven pareja mestiza de los Andes que, gracias a un innovador tratamiento genético, concibe un hijo con características físicas a elección, en la búsqueda pragmática de evitar barreras en una sociedad donde el origen, el apellido, el color de piel y los rasgos físicos aún son determinantes en oportunidades laborales e interpersonales.
Así nace Panchito, el primer "niño neoprobeta" del pueblo San Fernando: un niño rubio y de ojos claros, cuya presencia descoloca a su entorno social, en una comunidad rural de los Andes ecuatorianos.
"La película busca plantear preguntas, poner sobre le mesa el debate, reflexionar juntos. No busca acusar a nadie", explica Hernández a EFE sobre la esencia su ópera prima, que se plantea como un espejo incómodo que ya ha levantado polémica tras la difusión de las piezas promocionales.
Internautas han comentado en redes sociales: "No es racismo, es realismo", "¿Por qué está mal mejorar la raza?", "No es racista, es clasista", "Ignorancia total, como si nuestra raza no valiera nada", "Basta de indios, está bien mejorar la raza", "Qué valiente hacer una película sobre eso".
Estos comentarios, dice Hernández, demuestran que es un tema aún sensible, pero que debe ser expuesto y dialogado desde todas las esferas del debate público y el arte.
El camino para llevar al celuloide este historia no estuvo exento de desafíos humanos, técnicos y logísticos. Desde conseguir los personajes hasta un despliegue sin precedentes en la localidad rural de Nono y en Quito.
"Tenía un rodaje gigante. Había escenas en las que estábamos 50 u 80 personas en set", con niños, abuelitos en medio del frío, en época de postcovid, contó al agregar que fue un reto plasmar en la pantalla grande la historia que escribió en la intimidad de su habitación en Buenos Aires.
Además, según recuerda la directora, hace una década era limitado el acceso a actores profesionales que reflejen con autenticidad a la diversidad racial y cultural del campo andino.
Producida por Tito Jara (Ecuador), Rafael Álvarez (España) y José Fernández del Río (Perú), este drama, de 81 minutos de duración, constó alrededor de 380.000 dólares (unos 326.000 euros al cambio actual), con la mayor parte del equipo y elenco ecuatorianos.
Respaldada por el Fondo ICCA de Ecuador y con el apoyo del fondo DAFO del Ministerio de Cultura del Perú y del Programa Ibermedia, la película se estrenó en el 56 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana (2025) y ha sido reconocida con el Premio del Público y una Mención de Honor del jurado en el Festival de las Alturas en Argentina (2026).
En la reciente edición del Festival de Turicine, de Quito, fue la mejor película, y participará también este año en el Festival de Cine Latino de Tiestre (Italia).
Hernández, que reside en Madrid, es consciente de que el tema de su película escuece en la sociedad, con dilemas éticos, científicos, sociales y familiares que desde la ciencia ficción plantean interrogantes en una sociedad atravesada por prejuicios tan arraigados que muchos no son conscientes de ello.
