El escándalo de un 'streamer' español en Japón destapa la inquietud por el turismo sexual

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Tokio, 27 ago (EFE).- El escándalo de un 'streamer' español en Japón, después de viralizarse clips en los que acosa a una mujer japonesa en aparente estado de embriaguez, tiene lugar en medio de una creciente preocupación por el turismo sexual en el archipiélago, que se encuentra debatiendo el alcance de sus leyes contra la prostitución.

"¿Te la quieres follar? Esta es gratis", es una de las frases de un directo de Alberto Alonso (conocido en redes como Aruberto Makoto) en el distrito tokiota de Kabukicho, conocido como el barrio rojo de la capital japonesa, que más indignación ha causado.

Varios usuarios reportaron en la red social X haber pedido a la Embajada española en Japón que tome medidas contra el 'streamer'. Una fuente consular se limitó a afirmar a EFE que se contestó directamente a varias personas.

Pero los comentarios durante el directo de Alonso esconden un fenómeno cada vez más visible en los medios japoneses: el supuesto aumento de turistas extranjeros que acuden a los barrios rojos de Tokio en busca de prostitutas.

"Hay una mezcla de curiosos —gente de Australia, México, Brasil, etcétera— y se ve una gran diversidad de personas negociando mediante aplicaciones de traducción en sus teléfonos. También los traen guías extranjeros; guías que hablan japonés con fluidez se acercan a ellos mientras están de copas", explica a EFE Hidemori Gen, fundador de la asociación Seiboren, un grupo japonés que ayuda a mujeres que ejercen la prostitución.

El grupo de Gen, que principalmente busca dar asistencia a las víctimas de 'Host Clubs' (bares donde las clientas acuden a conversar y beber con jóvenes anfitriones y donde a veces son forzadas a prostituirse para pagar sus deudas), se encuentra en pleno barrio de Kabukicho.

Gen asegura que, aunque la Policía ha aumentado sus patrullas en la zona, los agentes muy rara vez detienen a extranjeros para interrogarlos, por lo que "hacen prácticamente lo que quieren".

A esto se suma que las patrullas policiales, por lo general, se centran en la zona más concurrida y turística del barrio, y no llegan a las calles y parques más alejados donde por lo general se concentran las mujeres prostituidas.

Aunque no existen estadísticas oficiales sobre el fenómeno del turismo sexual, numerosos medios japoneses han publicado en los últimos años artículos asegurando que cada vez más turistas, especialmente de China, acuden a Kabukicho en busca de prostitutas, impulsados por la depreciación del yen y por las redes sociales.

"Creo que está aumentando. Considero que la debilidad del yen es un factor que contribuye, pero también creo que la difusión de información a través de las redes sociales y los medios de comunicación es una de las razones", explica a EFE Arata Sakamoto, que dirige Rescue Hub, una ONG que da apoyo a esas mujeres.

Las estadísticas policiales nacionales no muestran un aumento de los delitos de prostitución, pero este vacío refleja una realidad que algunos en Japón tratan de cambiar: actualmente, la ley japonesa solo castiga explícitamente a los que ofrecen sexo a cambio de dinero, y no a los clientes que lo solicitan.

Es por eso que el Ministerio de Justicia japonés presentó el pasado lunes un borrador de informe en el que se estudia incluir castigos específicos para los clientes, según el diario nipón Asahi, y busca presentar un proyecto de enmienda de la Ley para la Prevención de la Prostitución de 1956 este otoño.

"Parece que por fin hemos llegado a ese punto. Hasta ahora los hombres involucrados en la prostitución salían indemnes; a lo sumo, se les interrogaba como testigos. Las infracciones solían centrarse en facilitar el local o actuar como intermediario, por lo que a los participantes directos simplemente se les enviaba a casa sin sanción", explica Gen.

Sakamoto, el responsable de Rescue Hub, también celebra que se esté considerando imponer sanciones a los que compran servicios sexuales.

"Algunos compradores se aprovechan de su impunidad para explotar aún más a quienes venden sexo", explica.

El responsable ha escuchado casos de violencia, o casos en los que los clientes han obligado a las mujeres a mantener relaciones sin protección o las han grabado con el móvil sin su consentimiento. "Los perpetradores actúan bajo la premisa de que 'las mujeres no denunciarán a la Policía por temor a ser arrestadas', explica.

Pero Sakamoto advierte de que criminalizar totalmente la prostitución podría llevar a que este tipo de transacciones se lleven a cabo de forma más clandestina, lo que dificultaría todavía más la visibilidad de los abusos.

"Para reducir la prostitución en sí misma, es necesario introducir sanciones para quienes compran sexo y, al mismo tiempo, mejorar el apoyo concreto a las mujeres obligadas a prostituirse", concluye.