En Nepal los equipos han recuperado 389 cadáveres -según el último balance de la Policía-, muchos de ellos arrastrados decenas de kilómetros río abajo, mientras que en la vertiente tibetana se han contabilizado tres fallecidos y 558 personas que no han podido ser contactadas.
Esto hace un balance conjunto de 392 muertos y alrededor de 1.400 desaparecidos, sin que haya constancia de que exista coordinación entre China y Nepal para cotejar cifras.
"Los niños y niñas de Rasuwa y Dhading han visto cómo sus vidas eran literalmente arrasadas ante sus ojos en muy poco tiempo, con viviendas, aulas y centros médicos dañados. Demasiados han perdido la vida y a sus seres queridos", afirmó la representante de Unicef en Nepal, Alice Akunga.
Las súbitas inundaciones han dejado comunidades enteras arrasadas, carreteras, puentes y centenares de instalaciones destruidas y zonas afectadas prácticamente inaccesibles.
La representante de Unicef recordó que el número de fallecidos sigue en aumento, por lo que la "tragedia está lejos de haber terminado".
"Los niños y niñas que han sobrevivido se enfrentan ahora a un mayor riesgo de enfermedades, desnutrición, violencia y explotación", explicó.
Los datos de Unicef también señalan que 18 escuelas han quedado completamente destruidas y otras 20 han sufrido daños, así como que cuatro centros de salud han quedado gravemente dañados.
La organización de la ONU para la Infancia hace un llamado a los donantes de 17,2 millones de dólares (unos 14,8 millones de euros) para apoyar su respuesta de emergencia y ayudar en la reconstrucción y la atención a los menores.
