Los sondeos dan una ligera ventaja a los partidarios de negociar con Bruselas, aunque la mayoría de la población se opone a un hipotético ingreso, cuestión que debería decidirse en otro referendo futuro en caso de alcanzarse un acuerdo.
Las disensiones arrancan de la misma consulta, convocada por el Gobierno de centroizquierda salido de las elecciones legislativas de 2024: los "proUE" la consideran necesaria por la abrupta interrupción de las negociaciones previas, mientras que los opositores, una pérdida de tiempo por falta de consenso.
"Tengo muchas esperanzas de que gane el 'sí', no tiene sentido decir no a una conversación con la UE sobre si el ingreso podría ser bueno. La gente que está en contra siempre puede votar no una vez que tengamos un acuerdo", explica a EFE Sunna Ævarsdóttir, portavoz del Evrópuhreyfingin (Movimiento Europeo).
Las negociaciones iniciadas en 2009 fueron interrumpidas en 2013 y el nuevo Ejecutivo islandés ganador de los comicios de ese año nunca convocó una prometida consulta, optando en 2015 por comunicar que Islandia ya no era candidata.
"Quienes quieren que Islandia entre en la UE primero deberían convencer a la nación", afirma a EFE Haraldur Ólafsson, presidente de Heimssýn (Visión Mundial), que agrupa a los partidarios del "no".
La consulta, "no tiene sentido, porque la mayoría sabe que este proceso va a acabar sin ingreso. Va a fracasar en algún momento porque no tiene apoyo entre la gente del país", sostiene.
Cuando Islandia detuvo las negociaciones no se habían tocado los dos temas más polémicos: la agricultura y, sobre todo, la pesca, principal recurso.
La legislación islandesa asegura el control sobre las cuotas, capturas y el acceso a los caladeros, además de establecer un máximo del 25 % de inversión extranjera en las pesqueras, condiciones que todos coinciden en que es necesario mantener, empezando por la patronal pesquera.
La comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, ha abierto la puerta a "soluciones creativas", mientras que la ministra de Pesca islandesa, Hanna Katrín Fridriksson, ha resaltado que son posibles las excepciones permanentes.
"La diferencia entre ahora y la última vez es que el Reino Unido ha abandonado la UE. Nuestra posición es mucho más fuerte y hay mayor comprensión de la Unión sobre la pesca", ha dicho la ministra de Exteriores, Þorgerður Katrín Gunnarsdóttir.
Ævarsdóttir sostiene que la política comunitaria es similar a la islandesa en cuanto al tamaño y distribución de cuotas y que el acuerdo en el Espacio Económico Europeo -del que Islandia forma parte desde 1994- reconoce la excepción para el capital extranjero.
"Bruselas nunca va a hacer eso. El Parlamento de los Países Bajos ha dicho recientemente en una resolución que no aceptará ninguna excepción permanente a las reglas de la UE", afirma Ólafsson.
Ólafsson apunta a otros factores como que la economía islandesa se basa en los recursos naturales y su dependencia del comercio exterior, aparte de que Islandia sería un contribuyente neto al presupuesto comunitario.
A todo esto se suma el elevado coste de la vida en el país. El Banco Central de Islandia ha subido los tipos básicos de interés al 8 % para tratar de bajar una inflación que rozó el 6 % en julio, circunstancias que podrían cambiar en caso de unirse a la UE y adoptar el euro, defienden los partidarios del "sí".
"Tenemos la divisa más pequeña del mundo y eso hace muy volátil nuestra economía. Vivir es muy caro también. Tenemos competencia limitada. Y esos problemas podrían solucionarse en parte uniéndonos a la UE", defiende Ævarsdóttir.
Ólafsson señala, en cambio, que varios economistas islandeses han resaltado que una hipotética entrada en la UE y la adopción del euro podrían no tener una influencia significativa en los tipos.
Otro factor de peso es la importancia de la soberanía nacional para un país que no logró independizarse de Dinamarca hasta 1944 y que en 100.000 kilómetros cuadrados tiene una población de menos de 400.000 habitantes.
"Lo que tiene más sentido es que Islandia haga sus propias leyes. Las de la UE están adaptadas a las necesidades de los grandes países continentales", argumenta Ólafsson.
Los "proUE" resaltan sin embargo que entrar en la UE les daría voto y capacidad de influencia, amplificada por las alianzas con los países nórdicos y bálticos, en un contexto geopolítico inquietante en el Ártico por las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, a Groenlandia.
