El primer ministro y líder regional de la CDU, Sven Schulze, lucha por mantenerse en el cargo, para lo que necesitará una alianza de varios partidos.
A una semana de las elecciones la ventaja de la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) sigue siendo clara en las encuestas. El último Politbarometer de la Segunda Cadena de la Televisión Alemana (ZDF) le da a AfD un 40 %, a la CDU un 23 %, un 13 % a La Izquierda, un 9 % al Partido Socialdemócrata (SPD) y un 6 % a Los Verdes.
“Todo es posible”, dicen los carteles de AfD, lo que para algunos es una promesa y para otros es una amenaza.
Sin embargo, Schulze, en una reunión con la Asociación de la Prensa Extranjera (VAP), procuró darle una interpretación optimista al Politbarometer, que se realizo después del duelo televisivo con el líder de la AfD, Ulrich Siegmund.
"Después del duelo, la AfD perdió tres puntos, nosotros subimos un poco, los otros partidos también subieron un poco. La gente empieza a darse cuenta de que AfD no tiene respuestas. Esta semana será decisiva", dijo.
“De un lado están los partidos de centro, a los que lidero, y del otro lado hay dos partidos, la AfD y la BSW, que quieren instrumentalizar a Sajonia-Anhalt para ganar influencia en Berlín”, asegura.
La BSW, o Alianza Sahra Wagenknecht -por el nombre de su presidenta y fundadora- se ha mostrado dispuesta a permitir la elección del líder de AfD, Ulrich Siegmund, como primer ministro, aunque para ello, esta fuerza populista de izquierdas tendría que superar el umbral del 5,0 % para tener representación parlamentaria.
Otra variante más probable para el acceso de AfD al Gobierno sería que Los Verdes y el Partido Socialdemócrata (SPD) se quedarán por fuera del Parlamento regional, con lo que los valores de entre el 40 y el 43 por ciento que le dan las encuestas, podría darle la mayoría absoluta.
“Esta elección es distinta a todas las anteriores porque por primera vez un partido que está contra el sistema de la República Federal de Alemania, que quiere sacar a Alemania de la UE y aislarla del mundo, podría lograr poder en un estado federado”, aseguró Schulze.
Schulze conoce las encuestas, admite que los valores que la dan a la CDU, en torno al 23 por ciento, no le satisfacen, pero señala que, cuando se le pregunta a la gente a quien prefiere como primer ministro, en torno al 50 % se pronuncian a favor suyo.
También recuerda que aunque la AfD obtenga el 40 %, hay un 60 % de los electores que están contra de ese partido en Sajonia-Anhalt y señala que la última semana de cara a las elecciones será definitiva, al tiempo que expresa la esperanza de que la gente se dé cuenta de que tendría mucho que perder con un Gobierno de AfD.
Schulze habla entonces del hospital universitario de Magdeburgo, donde trabajan personas de 70 nacionalidades distintas y del tono xenófobo de muchas posturas de la AfD. Luego cuenta de conversaciones con empresarios que le han dicho que han aplazado sus decisiones sobre inversiones en Sajonia-Anhalt hasta después de las elecciones.
“Me dicen: 'Señor Schulze: sólo invertiremos si sabemos que usted seguirá siendo el primer ministro”, asegura Schulze.
Si se recorren las calles de Magdeburgo se encuentran afiches contra AfD que apuntan en una dirección parecida. “No es contra las élites, es contra ti”, dicen los afiches, que advierten de las consecuencias económicas que tendría la falta de migrantes.
Schulze recuerda que por cada dos personas que se pensiona en Sajonia-Anhalt, sólo una entre en la vida laboral, por lo que sin migración se agravaría la escasez de la mano de obra.
Schulze dice que en un Gobierno suyo no habrá bajo ninguna circunstancia ministros de la AfD ni de La Izquierda. Sin embargo, según los datos de las encuestas más optimistas, necesitará los votos de La Izquierda en el Parlamento para ser elegido primer ministro.
Luego se vería en la tarea de formar un tripartito con el SPD y Los Verdes y buscar compromisos puntuales con La Izquierda para aprobar proyectos.
