El saldo negativo de las cuentas públicas, que tuvo su primera mejoría desde diciembre, sumó 1,24 billones de reales (239.920 millones de dólares o 206.800 millones de euros) los doce meses que concluyeron en julio.
El déficit primario, que excluye el pago de intereses y es considerado la principal referencia de la salud financiera en Brasil, fue del 0,67 % del PIB en los últimos doce meses, lo que supone una mejoría de 0,52 puntos.
La deuda pública continuó su tendencia al alza y se ubicó en julio en el 82,5 % del PIB, con un incremento de 0,6 puntos porcentuales, un empeoramiento que se debió principalmente al pago de intereses, según el Banco Central.
El déficit público y el aumento de la deuda son uno de los temas a debate en las elecciones presidenciales y legislativas que Brasil celebra el próximo octubre.
El presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, candidato a la reelección, dijo en una entrevista la semana pasada que no está preocupado por la deuda pública.
El gobernante, de tendencia progresista, aseguró que cuando la economía crezca a un ritmo más rápido, la deuda bajará en relación con el PIB.
El presupuesto del Estado para 2027 prevé un superávit primario de 0,1 %, según adelantó la semana pasada el ministro de Hacienda, Dario Durigan.
El principal candidato opositor, Flávio Bolsonaro, ha prometido reducir la deuda pública a través del corte de gastos, pero no ha presentado metas ni ha explicado sus planes con detalle.
El PIB brasileño creció un 2,3 % en 2025, y las últimas proyecciones del mercado financiero para este año electoral ya anticipan una mayor desaceleración que dejaría el crecimiento de 2026 rondando el 2 %.
