En mitad del trayecto se había cruzado con el director de la escuela, que venía en sentido contrario y le ordenó regresar. “Me dijo: ‘No vayas a la escuela. Viene una inundación’”, recuerda el adolescente a EFE, a pocos metros del lugar donde estuvo su casa.
Abhishek dio media vuelta y comenzó a descender por la carretera que acababa de subir, pero para entonces el agua ya cruzaba la vía. Echó a correr y, más adelante, encontró a su abuelo sentado junto al camino.
“Lo levanté sobre mi espalda y lo llevé cuesta arriba”, relata. La familia consiguió alcanzar una zona elevada y ponerse a salvo. Nadie resultó herido, pero la casa hacia la que Abhishek había intentado regresar aquella mañana desapareció por completo. “El río se la llevó. No quedó nada”, dice.

En Devighat, en el distrito de Nuwakot, el barro, las piedras y los escombros se acumularon varios metros sobre las antiguas calles hasta dejar algunas viviendas enterradas prácticamente a la altura de los tejados. Dentro de varias permanecen cadáveres que cinco días después no han podido ser recuperados porque la inestabilidad del terreno impide en algunos puntos la entrada de maquinaria pesada, constató EFE durante una visita a la localidad.
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