Pese a la oposición de algunas formaciones de izquierda, primaron los argumentos del Gobierno de coalición, según el cual es indispensable la compra para aumentar la capacidad defensiva del Ejército y reforzar la defensa frente a amenazas tales como los ataques híbridos y con drones.
La adquisición desató la semana pasada una crisis política tras conocerse que, contrariamente a lo que había afirmado anteriormente el Ejecutivo, el contrato no establecía un precio fijo global, que hasta hace poco se creía que era de 6.035 millones de francos suizos (unos 6.370 millones de euros).
Ello llevó a parlamentarios de varios partidos de todo el espectro político de Suiza a pedir que se cancelara la compra.
Los F-35 de Lockheed Martin fueron los elegidos para modernizar la flota de la fuerza aérea suiza frente a las propuestas de la francesa Dassault y la también estadounidense Boeing.
El pedido era inicialmente de 36 aviones, pero la compra se ha reducido a 30 aparatos.
