"El proyecto surge como de esta forma de cómo hacer el duelo a partir de mi trabajo", explicó Villalobos en una entrevista con EFE en Toronto, donde reconoció que después de la muerte de su madre no sabía "muy bien cómo lidiar con el dolor" y encontró en el cine una forma de catarsis.
De ese proceso surgió, junto con el coguionista Diego van der Laat Alfaro, la historia de tres generaciones de mujeres y, en particular, la pregunta que vertebra la película: "hasta dónde estaría dispuesta a llegar una abuela por su nieta".
La protagonista es interpretada por la chilena Paulina García, a quien Villalobos considera "el corazón de toda la película".
El director explicó que el punto de partida fue una anécdota real de su madre, que en una ocasión dejó encerrada a su nieta en un automóvil, aunque subrayó que no pretendía hacer una obra autobiográfica.
"Eso para mí es como lo más bonito, o el tributo a ella en cierta forma", señaló. "Me hubiera encantado que pudiera ver la peli, pero si no se hubiera muerto tampoco habría hecho la peli", explicó.
Villalobos, autor anteriormente de las comedias 'Por las plumas' y 'Cascos indomables', utiliza ahora el suspenso para internarse en los terrenos grises de las relaciones familiares y cuestionar dónde terminan el amor y la protección y dónde comienzan el daño y la transgresión.
"Los límites son muy, muy borrosos y eso es como lo más jodido de las relaciones humanas también", señaló.
Su objetivo, explicó, no es que el espectador apruebe las decisiones de la protagonista, sino que pueda comprenderlas e incluso preguntarse qué haría en su lugar.
"Lo que más me gusta a mí es cuando termino de conectar como con personajes que están haciendo cosas con las que yo no esté de acuerdo, pero que entiendo por qué están haciendo", dijo.
Aunque la historia transcurre en Costa Rica, Villalobos evitó identificarla con un lugar o un momento concreto y construyó lo que denomina una "distopía tropical", un mundo prácticamente sin hombres y poblado sobre todo por mujeres y niños.
"No era hacer una película que uno dijera: 'Ah, ok, Costa Rica', sino inventarme una especie de distopía tropical, atemporal completamente", explicó.
Pero esa distopía, advirtió, está formada por elementos reconocibles de América Latina y puede resultar inquietantemente cercana.
"Uno lo puede ver como una distopía, pero al mismo tiempo lo puede ver como un espejo", afirmó. "Está pasando hoy, solo que con diferente nombre y con diferente ropa".
La película se rodó en Golfito y Corredores, en el Pacífico Sur costarricense, una región marcada históricamente por la presencia de las compañías bananeras estadounidenses y las divisiones sociales que generaron.
Villalobos recordó que en Golfito los estadounidenses construyeron espacios propios con servicios y zonas de ocio a los que los costarricenses no tenían acceso, una realidad que generó "estratificaciones sociales y separaciones y clasismo".
El proyecto tardó años en materializarse y acabó convertido en una coproducción de Costa Rica, Perú, Panamá, Chile y México.
"Me siento como Bolívar en ese sentido, de poder unir cinco países latinoamericanos para que hagamos esta pequeña peli", bromeó el director.
Para Villalobos, sin embargo, pese al suspense, la distopía y la crítica social, el núcleo de 'Amor es el monstruo' es mucho más sencillo.
"Es una película sobre familia", resumió.
Y si contiene una advertencia, añadió, tiene que ver tanto con las sociedades hacia las que se puede avanzar como con los vínculos más íntimos.
"Uno tiene que aprovecharlas más y tratar de entenderlas más desde otro lugar", afirmó sobre las relaciones con padres, abuelos, hijos y parejas. "Tal vez uno es menos tolerante con la gente que tiene como más cerca".
