Beaumont Lamarre-Condon, de 31 años, se declaró "no culpable" ante el Tribunal Supremo de Nueva Gales del Sur (al este de Australia) de dos cargos de asesinato en un contexto de violencia doméstica y de allanamiento de morada con agravante.
La Fiscalía sostiene que mató a tiros al expresentador de televisión Jesse Baird, de entonces 26 años, y a su novio Luke Davies, de 29 y auxiliar de vuelo en la compañía australiana Qantas en su casa en el barrio de Sídney de Paddington en febrero de 2024.
El caso de allanamiento se refiere a un episodio ocurrido en la misma vivienda en agosto de 2023.
Durante la vista de hoy, el jurado escuchó que el acusado sentía "infatuación y obsesión" por Baird, con quien mantuvo una relación entre finales de 2022 y parte de 2023.
Según la acusación, esa fijación derivó en conductas compulsivas que se intensificaron cuando Baird cortó el contacto, en noviembre de 2023.
La Fiscalía afirma que empezó a planificar el crimen a comienzos de 2024, cuando sostienen que investigó cómo amortiguar el sonido de los disparos, alquiló un vehículo a nombre de su madre y compró una funda de tabla de surf para ocultar el cuerpo.
Disfrazado de repartidor de Uber Eats, habría entrado y matado a Baird en la cocina y a Davies en el dormitorio.
Baird, presentador de la cadena de televisión Network 10, y Davies, desaparecieron en febrero de 2024 tras asistir a una fiesta previa al Mardi Gras, el multitudinario desfile del orgullo LGTBI de Sídney.
El 27 de febrero, la Policía encontró los cadáveres de Baird y Davies en una finca en la localidad de Bungonia, a unos 185 kilómetros al suroeste de Sídney, donde fueron supuestamente trasportados por el acusado.
Lamarre-Condon, entonces agente en activo, fue detenido tras entregarse en una comisaría.
La Policía lo expulsó del cuerpo en marzo de 2024, mientras el caso causó gran malestar en la comunidad LGTBI y motivó que los organizadores del desfile Mardi Gras pidieran que agentes policiales no desfilaran en el evento del 4 de marzo como solían hacer en los últimos años, aunque finalmente pudieron hacerlo sin llevar el uniforme.
Está previsto que el juicio se prolongue hasta doce semanas y que declaren más de un centenar de testigos.
