PARIS. “Tienen sed de Dios, de vida, de verdad, de unidad, de paz, de comunión, de felicidad. Aspiren a redescubrir un horizonte luminoso, a construir una nación renovada a partir de sus raíces, regadas por la fe”, dijo el papa en la homilía desde el altar colocado en plena plaza de la Concordia, en el corazón de París.
Pidió que este viaje y su presencia en Francia “les confirme su fe y los anime a irradiar y transmitir sin cesar la vida, la paz y el amor de nuestro amado Señor Jesucristo”.
Habló también del vacío que sienten algunas personas y que para llenarlo buscan “nuevos placeres; queremos poseer cosas nuevas” y se hace todo lo posible por “divertirnos para no sentir ese malestar interior”.
Y propuso la fe y Dios “porque para Él, ninguno de nosotros es un número en una identificación, ni un número de serie, sino una persona, una persona única e insustituible”.
A los fieles les pidió que aspiren “a redescubrir un horizonte luminoso” y que la fe no la guarden para ellos sino que la transmitan a otras personas. “Les corresponde a ustedes llevar la esperanza allí donde reinan el desánimo y la sequía espiritual”, agregó.
Por ello, el papa afirmó que desde “la hermosa París”, reza “con fervor para que el agua viva del Espíritu Santo se derrame sobre toda Francia”.
“Pienso en ustedes, queridas familias, quienes, a pesar de las múltiples dificultades que enfrentan a diario, perseveran valientemente en su misión. Les agradezco de corazón por todo el bien que se realiza a través de ustedes; que nunca se agote en sus vidas la presencia concreta de Jesús”, dijo.
Y a los jóvenes, que le aclamaron durante todo su recorrido por los Campos Elíseos, les dijo: “¡Qué hermoso es ver su entusiasmo, su dinamismo, su compromiso y la alegría que llevan a las comunidades cristianas!.
También invitó a los catecúmenos y neófitos, aquellos que acaban de ser bautizados, “dar testimonio de su camino de fe y conversión para convertirse “en testigos vivos” y “difundir a su alrededor la civilización del amor”.
Concluyó invocando a la Virgen para que “surjan manantiales de agua viva en el seno del Pueblo de Dios y hagan florecer por toda Francia los brotes de la fe, la esperanza y la caridad”.
