"Y nuestra independencia está muy cerca", afirmó ante los delegados reunidos en el recinto de congresos TECA de Aberdeen, que lo ovacionaron en pie.
Swinney presentó 'Choose Scotland' (Elige Escocia), una campaña financiada con un presupuesto significativo para atraer a los votantes que aún no apoyan la independencia, y reivindicó la quinta victoria electoral consecutiva del SNP, obtenida en mayo, como un impulso para la causa independentista.
El discurso llegó un día después de que el primer ministro británico, Andy Burnham, propusiera al Gobierno escocés colaborar para descentralizar competencias hacia las autoridades locales, en lugar de centrarse en las disputas sobre la independencia.
"Algunos piensan que deberíamos ser como Mánchester. Me temo que no estoy de acuerdo", afirmó Swinney, en alusión a la ciudad del norte de Inglaterra de la que Burnham fue alcalde.
"Escocia no es una ciudad. No somos una región. Somos una nación", añadió, antes de pronosticar que pronto será independiente.
Swinney sostuvo que "el Reino Unido por el que votaron los escoceses en (el referéndum secesionista de) 2014 ya no existe" y presentó el Brexit, las pensiones y la defensa como argumentos que, a su juicio, refuerzan la independencia, que permitiría a Escocia regresar a la Unión Europea y definir sus propias políticas migratoria y energética.
El SNP aspira a celebrar otra consulta antes de 2031, pero necesita el consentimiento de Londres y Burnham descarta por ahora autorizarla.
La causa recibe además un apoyo dispar en los sondeos: una encuesta de Survation difundida este sábado por el SNP sitúa el respaldo a la independencia en el 54 %, mientras que un estudio de YouGov publicado el jueves señala un 53 % contrario a la separación y un 47 % favorable, entre quienes tienen decidido su voto.
Escocia rechazó la independencia en un plebiscito en 2014, con un 55 % de votos contrarios.
Swinney anunció también un fondo de 30 millones de libras (más de 35 millones y medio de euros) para combatir el racismo y prometió presentar una ley que tipifique como delito específico el acoso y los abusos motivados por la misoginia.
Esta última medida, anunciada tras una manifestación celebrada esta semana en Glasgow contra la violencia machista y sexual, provocó otra ovación en pie de los asistentes.
También prometió abaratar el transporte público y situar la red de autobuses bajo control público mediante concesiones y regulación.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando el dirigente explicó que su motivación para construir una Escocia mejor era su hijo menor, Matthew, presente entre el público junto a su esposa, la experiodista de la BBC Elizabeth Quigley.
El dirigente hizo una pausa de varios segundos mientras las cámaras enfocaban a ambos, visiblemente emocionados. Al finalizar el discurso, los abrazó y posó con ellos.
La vicepresidenta del Partido Laborista escocés, Jackie Baillie, calificó el discurso de "pobre y falto de contenido" y reprochó a Swinney que no ofreciera respuestas suficientes para mejorar la sanidad, la educación y los servicios públicos, aunque acogió favorablemente sus compromisos sobre el transporte.
