La muestra, "Sculptures by the sea" (esculturas frente al mar), gratuita y distribuida a lo largo de dos kilómetros de litoral, reúne a artistas de 14 países y combina grandes estructuras metálicas, formas abstractas e instalaciones que invitan a mirar más allá del paisaje.
Entre las obras más destacadas figura "Unveiling the Edges of the Sky" (desvelando los confines del cielo), de la australiana Harrie Fasher, una imponente escultura de acero y bronce de seis metros de altura que ha obtenido el principal premio de la exposición, dotado con 70.000 dólares australianos (unos 43.500 euros).
El recorrido también reserva espacio para propuestas que interpelan directamente a la sociedad, como "Sweethearts" (enamorados), de las locales Philippa Lysaght y Omi McCurdie, que reúne decenas de corazones de hormigón pulido, de colores pastel, inscritos con expresiones cotidianas que minimizan o justifican la violencia machista.
Cada uno de los 56 corazones representa a una mujer asesinada por su pareja o expareja en Australia durante este año.
La instalación, concebida como un homenaje y una llamada de atención, busca confrontar al público con un lenguaje que a menudo normaliza el maltrato. Tras su paso por la exposición de Bondi, los corazones se pondrán a la venta y los fondos se destinarán a una organización que apoya a mujeres en situación de vulnerabilidad.
También destaca "Both Sides Now" (desde ambas perspectivas), del artista local Paul Ewart, una escultura de tres metros inspirada en Jano, el dios romano de dos rostros, cuyas casi 400 placas de acero pulido reflejan el océano, el cielo y a quienes se acercan.
La obra plantea una reflexión sobre la polarización social y la dificultad de comprender perspectivas distintas.
La memoria del atentado de Bondi, ocurrido el 14 de diciembre de 2025, está presente asimismo en "Love", de Stephanie Quirk, una intervención de escritura aérea que dibuja la palabra "amor" sobre la playa como gesto de recuerdo y esperanza.
Tres décadas después de su nacimiento, la exposición mantiene su vocación de acercar el arte contemporáneo al público sin barreras económicas.
Los organizadores esperan recibir más de 450.000 visitantes hasta el 2 de noviembre, en una edición en la que las esculturas no solo dialogan con el mar, sino también con las heridas y preocupaciones ciudadanas.
