En Taiwán, el tifón se ha cobrado una vida -la de un hombre arrastrado por las olas en una playa del condado sureño de Pingtung- y ha dejado 171 heridos, muchos de ellos por caídas en moto o accidentes de tráfico.
También ha obligado a cerrar escuelas, oficinas y mercados financieros en la isla, y a cancelar cerca de 1.000 vuelos ante la previsión de lluvias intensas y fuertes vientos.
En Japón, las principales aerolíneas informaron de la cancelación de los vuelos a aeropuertos en la prefectura de Okinawa, y afectaciones en las operaciones de los vuelos en la isla de Kyushu, ambos en el sur del archipiélago.
Además, la compañía eléctrica de Okinawa informó de que actualmente 15.350 hogares están experimentando cortes de energía debido a los efectos del tifón.
En China, se han suspendido 148 rutas de pasajeros a destinos turísticos insulares, como la isla de Nanji o la de Dachen, y solo en la ciudad costera de Taizhou las autoridades han trasladado a 16.316 personas a zonas seguras, entre ellas tripulantes de embarcaciones o trabajadores de acuicultura marina.
En los últimos días, también dejó lluvias torrenciales, inundaciones, fuertes vientos y olas de hasta doce metros de altura en Filipinas, después de debilitarse al alcanzar su pico con vientos de 215 kilómetros por hora.
El tifón, descrito como "muy fuerte", se desplaza hacia el noroeste a 20 kilómetros por hora, con vientos máximos de 180 kilómetros por hora, según la Agencia Meteorológica de Japón (JMA).
La llegada del tifón Champi se convirtió a principios de esta semana en una de las tormentas más potentes registradas en el planeta en lo que va de año antes de perder fuerza.
Los tifones son habituales en esta región durante los meses de verano y otoño, cuando las cálidas aguas del Pacífico favorecen la formación de ciclones tropicales que, en ocasiones, causan daños considerables e interrumpen el transporte y la actividad económica.
