"Una cosa es hacer negocios con países que no se toman tan al pie de la letra los derechos humanos y los valores democráticos. Pero es un salto cualitativo apoyar la campaña electoral de un presidente de EE.UU. racista, evidentemente corrupto, que ataca permanentemente a Europa y le hace la corte a dictadores. El jefe de Audi ha rebasado un límite", dice el periódico económico Handelsblatt.
"Si consejeros delegados alemanes no tienen problemas en ayudar electoralmente a un Trump que se presenta como misógino y xenófobo, ¿que les va a impedir apoyar a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD)?", agregó la misma publicación.
El diario Die Rheinpfalz de Maguncia dice que la participación de Döllner en el acto de MAGA es "como arrodillarse ante un Trump" que "no pierde oportunidad de hacer daño a Alemania y a Europa económica y políticamente" y que desprecia los valores europeos y alemanes.
"El problema no es que Audi construya una fábrica en EE.UU. Eso es perfectamente legítimo, Pero, ¿no era consciente Döllner de que con su presencia intervenía en la campaña electoral (de mitad de mandato) estadounidense?", dice.
El Süddeutsche Zeitung a su vez señala que la aparición de Döllner contradice una regla de Audi de guardar neutralidad política.
"Por eso, según la regla interna, en los últimos tres meses antes de unas elecciones no se asiste a actos con partidos o políticos", recuerda el diario.
La revista Focus se desmarca de la tendencia general y dice que las críticas a Döllner son un síntoma de la doble moral alemana.
En el acto se anunció que Audi, del grupo alemán Volkswagen, abrirá su primera fábrica en EE.UU., en el estado de Georgia, con una inversión de 4.000 millones de dólares (3.570 millones de euros).
La planta, que empleará a unos 4.500 trabajadores, se empezará a construir en 2027, con el objetivo de alcanzar una capacidad de producción anual de 200.000 vehículos a partir de los inicios de la década de 2030.
