La gran depresión

Gran parte del país está con la depre debido al tremendo problema de la paralización del dinero. Desde el más humilde vendedor de frutas hasta el más encumbrado comerciante se queja de la falta de dinero en el bolsillo de la gente y de la poca venta. La cadena de pagos está paralizada. La causa inédita no está bien clara.

Según un economista el problema radica en la inmensa cantidad de dólares que dejaron de entrar al país, ya sea de la carne, ya sea de los commodities o ya sea del envío de dinero del exterior. Sin embargo, recordando épocas pasadas en que la gente tenía dinero en el bolsillo sin que concurran esos beneficios y con el agravante de que las importaciones superaban ampliamente a las exportaciones, el flujo de dinero se producía misteriosamente, probablemente, gracias a dos flagelos: la informalidad y el narcotráfico.

Recordando el gobierno anterior, que se presentaba con rascacielos, viaductos, puentes y rutas, nos daba la impresión de vivir en el primer mundo, pero era un mundo de fantasía y tenía que llegar un presidente, tan deprimido como su gente, para percibir cuan miserables somos.

Todo anda a los tumbos en época de vacas flacas, el fútbol, anestésico que sirve para olvidar las penas, está en baja total; las prisiones, un desastre; la salud, no llega a los más necesitados. IPS no da abasto y sin embargo va por más asegurados a sabiendas que no pueden atenderlos. Licitaciones amañadas, ministros incompetentes y sospechosos corruptos.

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Pero no todos viven mal, subyace un mundo privilegiado de personas que se preguntan: ¿de qué crisis habla la gente? Ellos son los poderosos parlamentarios, contra ellos no hay defensa, ellos se fijan sus sueldos en una matriz salarial de ensueño, tienen un seguro VIP y para ellos la vida es color de rosa. Ellos hacen las leyes para auto blindarse. Jerarcas de la Corte Suprema son otra claque que miran extrañados al pueblo mientras entre ellos también se preguntan: de ¿qué miseria hablan?

La miseria de los bañados, los indígenas ambulantes que roban lo que pueden, focos, faroles, mesadas, el desempleo masivo, el campesino desesperado que se llega a la ciudad y que tanto molesta a las autoridades. Estos campesinos tan “indeseables que hacen temblar a los parlamentarios y para calmarlos son capaces hasta de bajarse los pantalones, y después de tanto trajinar se llevan 1 millón de dólares, que apenas da para volver a sus pagos.

El gobierno de Marito que ha estocado a los dos flagelos, últimos bastiones de supervivencia: la informalidad y el cultivo de mariguana, se debate en la impotencia, creando nimias soluciones económicas para calmar la hambruna del pueblo, pero el pan no llega y el circo fracasó rotundamente. Ya no hay fútbol para olvidar y de nuevo la gente se mete la mano en los bolsillos vacíos para cranear como subsistir.

Marito y su gobierno no pueden aguantar en estas condiciones. El Marito de la Gente, no existe, es solo un cliché engañoso o simplemente una fracasada expresión de deseo. No se lo ve a Marito como un amigo y mucho menos como líder popular.

Ésta es la voz de los comerciantes que se debaten entre cerrar sus puertas o seguir perdiendo dinero con tal de subsistir, pero también es la voz de millones de personas que seguirán a líderes que proclaman que el sistema de gobierno es obsoleto y se declaran dictadores con aprobación popular trasladándonos a los tiempos de Gaspar R. de Francia, gobernar sin Parlamento, sueño de todo presidente.

Juan José Migliore

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