Carta abierta

Antes de empezar quiero aclarar que no pertenezco a ninguna denominación política.

Señor presidente de la República del Paraguay. Me dirijo a usted, al presidente de este digno país del Pueblo Paraguayo. Es momento de que sea digno presidente para el pueblo del Paraguay. Que se convierta en el Hombre, con mayúscula, que el país necesita, que deje de lado los internismos políticos y las agendas paralelas. Necesitamos un presidente que tenga el carácter suficiente para gobernar.

No el necio que fue electo presidente con pactos políticos internos. No aquel que en sus primeros actos de gobierno en representación del Paraguay frente al Brasil no fue de igual a igual, sino fue con una postura de mendigo a negociar, al que le dieron unos espejitos para callarlo y al llamarlo “Marito” se emociona poniéndose a sí mismo en un rango menor.

Le pregunto “¿Dónde están su orgullo y su dignidad?” Luego viene y nos dice que somos un pueblo de peajeros por reclamar el derecho que nos corresponde legalmente. Es hora de que crezca, se sacuda la manga de lacras que le rodean y son un lastre que hunde a su gobierno y tras de usted, al país. Elija personas valientes, orgullosas, dignas y honestas para su gobierno. No merece el pueblo estar en las listas internacionales como uno de los más corruptos.

La mayoría de este pueblo, “la gente común” como dicen algunos dirigentes. El pueblo que habita de Norte a Sur, de Este a Oeste de esta hermosa nación que se levanta antes de amanecer a trabajar, a llevar el sustento a sus hogares, que paga sus impuestos, son ciudadanos honestos y trabajadores.

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Somos más las personas honestas en este país.

En este país donde hay un grupo de personas por así decirlo que están enquistados como un cáncer, carcomiendo y desangrando al país. Abusando de su posición para obtener ganancias económicas. Las personas que están en el funcionariado público en las diferentes áreas, deben tener la conciencia de que son “servidores públicos”. No están ahí para servirse del pueblo.

Vivimos en un país, sin justicia social. El pueblo perdió su capacidad de asombro, las denuncias de corrupción se dan en todos los medios de comunicación y las redes sociales. Y las autoridades hacen caso omiso a las denuncias. En este país la justicia no existe, está ciega sorda y muda. No hay castigo a los delincuentes. Solo hay pactos de conveniencia, una mano lava la otra como Pilatos.

Traidores a la patria. En otros tiempos a los traidores se les condenaba a muerte. Hoy son grandes señores que no tienen el más atisbo de vergüenza. Se burlan en nuestras caras abiertamente. Roban asquerosamente y gozan de total impunidad.

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El pueblo idiotizado solo mira, se plaguea, hace memes, banalizando los graves casos de corrupción, lo vuelven algo superficial y poco importante. Se le quita seriedad, lo toman como algo gracioso y con sarcasmo, a situaciones que deberían ser tratadas con la mayor seriedad. Es hora también de que el pueblo paraguayo se convierta en patriota orgulloso, digno de su país y de su historia. No dejen que nos roben hasta la dignidad.

Ana María Igarza

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