Principio olvidado

La igualdad ante la ley, además de ser uno de los pilares del liberalismo y de la democracia, es el principio que reconoce que todas las personas deben ser tratadas de la misma manera por la ley, y que estén sujetas a las mismas leyes de justicia.

Principio olvidado
Archivo, ABC Color

El artículo 7 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) establece que “todos son iguales ante la ley y tienen derecho sin discriminación alguna a igual protección de la ley”.

El artículo 46 de nuestra tan pisoteada Constitución Nacional, el De la Igualdad de las Personas, señala que “Todos los habitantes de la República son iguales en dignidad y derechos. No se admiten discriminaciones. El Estado removerá los obstáculos e impedirá los factores que las mantengan o las propicien...”.

A su vez, el artículo 47 (De las Garantías de la Igualdad) ratifica que el Estado garantizará a todos los habitantes de la República:

La igualdad para el acceso a la justicia, a cuyo efecto allanará los obstáculos que la impidiesen;

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La igualdad ante las leyes.

Hasta aquí tenemos un hermoso recopilatorio de textos platónicos en fuerte contraste con la realidad que nos toca vivir (o quizás sobrevivir) en nuestro terruño guaraní.

No es una novedad advertir que una parte de la población que cuenta con un caudal económico prominente hace lo que quiere en nuestro país. Políticos, narcotraficantes, ¡políticos narcotraficantes!, o los llamados sutilmente “empresarios de frontera”, a platazo limpio, se pasan por el arco del triunfo las reglamentaciones que, en teoría, rigen para todos.

Lo que más se habló la última semana fue sobre el polémico casamiento de Sol Cartes Montaña, hija del expresidente Horacio Cartes (2013-2018), en la Catedral Metropolitana.

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No me podría importar menos que la fiesta de Sol haya costado más que la Boda real entre Enrique de Sussex y Meghan Markle. Por mí, que se case las veces que quiera. El punto en discusión es que, una vez más, la gente poderosa hizo lo que quiso, pisoteando un decreto mientras que los ciudadanos comunes, con los mismos derechos, son imputados a la mínima.

Gran sorpresa tampoco es, si la Constitución Nacional no le importó al padre durante su mandato, que será un decretito de morondanga, ¿no?

Al final, todo se resume en la popular frase: “El que tiene plata hace lo que quiere”. Una lástima que a la vez sea una justificación para pasar tantos principios olvidados por el… bueno, ya saben dónde. Al menos el perrito estuvo bien fachero en el evento.

Kevin Nohl Eisenhut

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