Con seguridad, el juramento hipocrático no incluye la promesa de los médicos de extender sus recetas con letras legibles, a tal punto que los vendedores de farmacias se ven obligados a seguir cursillos de criptografía y adivinación para no equivocarse en la entrega de los fármacos. Ante tanta variedad de drogas y marcas que existen en el mercado, una letra malinterpretada puede ocasionar consecuencias funestas en los pacientes, como el caso de una veinteañera, buena moza ella. Sentía ansiedad, desasosiego, dolores de cabeza, inapetencia y decidió consultar a su médico. Éste, ateniéndose a los síntomas y a su experiencia profesional, le recetó unas dosis de ácido fólico cuya falta suele ocasionar esas molestias.
No se sabe si la joven se confundió realmente, o se hizo la ñembóta aprovechando que la letra o de “fó” tenía la colita medio desubicada y parecía una a, y así entendió que la receta prescribía ácido fálico. Hasta alabó la finura y discreción del galeno en la indicación de la cura.
No le costó mucho encontrar un voluntario que le aplicara la medicación, cuya eficacia quedó demostrada nueve meses después con el nacimiento de un robusto varoncito, consecuencia insospechada de una vocal mal escrita. Así pues, queridos médicos, por favor hagan buena letra y no nos fallen también ustedes, que ya tenemos bastante con jueces, fiscales, parlamentarios, policías, ministros, administradores, etc. que sumados a la caterva de asesinos, asaltantes, motochorros, estafadores, violadores y otras lacras sociales, hacen cada vez más penosa la tarea de vivir.
PS. Se recomienda a las personas carentes del sentido del humor abstenerse de leer esta guasada, para no exponer innecesariamente a sus músculos faciales a los riesgos de un ejercicio inusitado.
Víctor Manuel Ruiz Díaz