Paraguay y el triángulo de las Bermudas

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Hay una generación orgullosa caminando las calles de nuestros barrios. Son los tripulantes paraguayos que tienen el récord en el cruce del mencionado triángulo.

En efecto, nuestro país tuvo, entre los años 1970 a 1994, catorce barcos mercantes de ultramar. (1-Guaraní, 2-Villarrica, 3-Encarnación, 4-Asunción, 5-Minas Cue, 6-Bernardino Caballero, 7-Blas Garay, 8-Mariscal Estigarribia, 9-Iturbe, 10-Francia, 11-Esperanza, 12-Uruguay Feeder, 13-Plata Feeder, 14-Filippos.)

En esa única época –que posiblemente no volverá–, navegantes compatriotas hicieron gala de un tremendo conocimiento náutico para cruzar el Caribe llevando los apreciados productos nacionales a Miami, Richmond y Nueva York, a puro sextante, ya que no se implementaba todavía el maravilloso GPS.

No sería este comentario digno de mencionarse si no fuera por el hecho de que somos mediterráneos, y los catorce buques de bandera paraguaya, para hacerse a la mar debían sortear primero, zonas de poquísima profundidad y angostos pasillos, como la desembocadura del río Paraguay en “Confluencia” donde solamente cabe un barco a la vez.

El triángulo del que hablamos, es un feroz profesor que castiga si usted falla. Los temporales que lo hicieron famoso se producen por el continuo choque de la corriente del norte con la del Gulf stream. Pero su fama obedece a otro extraño fenómeno: “La desaparición de las naves”.

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Después de cruzarlo sesenta veces, sacamos con mi tripulación las siguientes conclusiones acerca de las misteriosas pérdidas de buques y aviones,

a) Estas se debieron en gran parte a la alteración de la brújula o compás magnético, debido al inmenso yacimiento de hierro en esas profundidades. El piloto cree que va hacia su puerto o aeropuerto, cuando que –en realidad– se dirige a mar abierto.

b) Sugestión, superstición e impericia, y el correspondiente susto por extraños resplandores en las noches de tensa navegación, llevándolo a creer que se ven OVNIS.

c) Caer en la trampa de la falsa calma que antecede a un huracán, ya que ese es el callejón de las tormentas tropicales que vienen de África. Para ello, el comandante previsor debió estar enganchado al programa AMVER que, con su sede en la isla Governor de N.Y. provee detalles y asiste a distancia a toda embarcación. Mi homenaje al natural talento del navegante paraguayo.

Miguel Florentín