Respeto, apoyo y aliento el derecho del ser humano de expresar su sentimiento, por eso yo lo hago y con todo respeto.
No consumo caviar ni queso de marca, no veraneo en Punta del Este ni en Florianópolis, no porque no me guste, sino porque no da mi presupuesto. No consumo manteca ni dulce alguno, así regulo la ingestión de harina y grasa por mi diabetes, colesterol y triglicéridos. Una o dos veces al mes disfruto de un Navarro Correas u otro buen vino.
Felicito a los que veranean y se alimentan donde y (según) lo que les guste, según sus derechos y el dinero bien ganado por sus esfuerzos.
Felicito al que defiende sus derechos, el derecho y el respeto de sus conciudadanos y de su país donde sea y cuando sea necesario, como lo hicieron nuestros parlamentarios en el caso Lugo, y como lo está haciendo el gobierno en este mismo caso.
Estoy harto del que baja la cabeza, del que se humilla, del que por no perder su cargo y los privilegios pierden su honor y su respeto.
Me indigna el que no respeta su palabra y que por soberbia e incapacidad culpa a los demás de sus fracasos y como si pudiera mentirse a sí mismo difama a los demás sin aceptar que el único culpable de sus errores es él mismo.
Me revientan los que para no perder sus zoquetes apoyan, aplauden y acompañan a personajes sin moral, sin vergüenza, sin honestidad y hasta sin derechos, así como los que exigen respetar derechos ajenos y son los primeros en no respetar lo que exigen.
Este es el caso de los presidentes y cancilleres de Mercosur así como los del Unasur para con nuestro país. Así somos algunos seres humanos, soberbios, falaces, amorales, sin honor ni respeto a sí mismo.
Pienso que por eso nos es difícil vivir en perfecta libertad, con alegría y felicidad siendo realmente útil al prójimo y a la sociedad. Saludo, aplaudo, apoyo, aliento y agradezco a las personas sin importar su nacionalidad, quienes honradamente y con el sudor de su frente, educan, alimentan, cuidan la salud, aman a sus familias y engrandecen a nuestro país.
Deploro, lamento, detesto, condeno a las personas y a los que los apoyan, quienes escudados por la falta de atención del Estado para con ellos, atropellan, invaden propiedades privadas en donde luego de arrasar los árboles se retiran para invadir otra propiedad con las mismas características, sin importarles la vida de los demás, como ocurrió en Curuguaty. Amo y respeto a mi país y a su gente y ruego a Dios que el actual gobierno inicie las bases de un paraguay que todos queremos y anhelamos. ¡Viva el Paraguay independiente, la autodeterminación de los pueblos, y los que con actitud, la Constitución y las leyes defienden la soberanía!
Cándido A. Chamorro Riquelme