- Mirar en la dirección en la que se camina: Los perros responden a los ojos y al lenguaje corporal de las personas. Si uno siempre vuelve la cabeza hacia el animal al caminar, lo estará frenando. En cambio si la cabeza y el cuerpo indican siempre la misma dirección, el perro lo registra y seguirá el mismo rumbo.
- Recompensar correctamente: Si el perro camina concentrado de la correa, no hay nada que objetar a que reciba alguna golosina de vez en cuando. Pero los dueños no deberían mantener una golosina delante de su nariz para obligarlo a caminar junto a ellos. Porque entonces el animal no se concentrará en la persona, sino en la tentación.
- No tirar de la correa: Si el animal de repente huele algo y se detiene, no hay que tirar de la correa, porque entonces la vinculará con algo negativo. Lo mejor es detenerse también, hablar con el animal y volver a atraerlo en la dirección deseada.
